miércoles, 16 de agosto de 2017

CALLES PELIGROSAS

Resultat d'imatges de monument general Prim


Hace años que creo, de buena fe, que no se debe dar a ninguna calle el nombre de personajes del tipo que sean. En el mismo sentido, creo que habría que evitar los monumentos con contenido político, personal o colectivo ni se debería bautizar escuelas o centros culturales, educativos o sanitarios con referencias personales. Cuando yo era pequeña escuché en muchas ocasiones a gente de la generación de mi abuelo, quejándose de los cambios constantes, a menudo absurdos, de los nombres de calles y plazas. Como era de esperar, el franquismo eliminó un montón de nombres anteriores, ya la República había hecho cambios diversos, los más pintorescos los relativos a santos y a todo aquello que fuese sospechoso de catolicismo.

Durante años, ya en democracia, se ha vivido, diría que con tranquilidad, con algunas simbologías de la dictadura, aunque la vivencia y la devoción eran muy diferentes de unos lugares a otros. Así, por ejemplo, mientras por mi ciudad se eliminaban las flechitas del Ministerio de la Vivienda en todos los bloques de pisos construidos en tiempos de  aquel Ministerio, en Toledo, en el Alcázar, o en el Valle de los Caídos, las visitas turísticas creían entrar en una especie del túnel del tiempo inquietante, nada había cambiado o había cambiado muy poco. La cosa era macabra pero no dejaba de tener su gracia, se había convertido en una curiosidad rancia e incluso producía un efecto de rebote, el rechazo a la parafernalia franquista mitificada.

Este es un tema mal resuelto, como la misma Transición, hoy tan cuestionada, sobre todo porque quedó enquistada de forma sólida, sin evolucionar como era debido. Las lecturas sobre la Guerra Civil, en algunos lugares, son confusas, para un ignorante pueden dar a entender, incluso, que casi, casi, ganaron los republicanos. Así ocurre con las explicaciones que en el presente han substituido un monumento situado en el lugar desde donde Franco y su gente dirigían aquello tan terrible de la Batalla del Ebro. Monumento que desde hace algunos años, como era de esperar, ha sido objeto de agresiones de todo tipo, pintadas, acumulacion de basura y cosas así.

Lo de las calles es otro motivo pintoresco de debate. No entiendo que en Barcelona se hayan dedicado plazas a gente como John Lennon. Otro aspecto recurrente es que los cambios suelen ir de un extremo al otro, del Marqués de Comillas a Ferrer y Guardia, por poner un ejemplo. Al Marqués de Comillas le van a quitar la estatua y nos quedaremos tranquilos de una vez. Por encima de su trabajo como empresario innovador y mecenas cultural que se hizo a sí mismo trabajando duro se potencia eso de qué era negrero. Se puede intuir que quizás Comillas fuese el único negrero de su época, si se hace caso de las proclamas incendiarias de los partidarios del derribo de un monumento feo y pintoresco, en el cual se incluye un fragmento de L'Atlàntida, de Verdaguer, claramente dedicado al malvado marqués. 

Con los Güell, herederos de la fortuna de los Comillas, la cosa se complica. Son una familia extensa y culta, en la cual se pueden encontrar tendencias y personalidades diversas. Muchas familias ricas y de clase media alta cuentan entre sus antepasados con algún negrero, puede que los descendientes incluso lo ignoren, en algunos pueblos costeros se celebran fiestas de los indianos, así, en general. Fiestas de los esclavistas, si somos tan puntillosos, esas fiestas gozan de buena salud y nadie las cuestiona. Más bien al contrario, la gente se viste de americano o de dama colonial, incluso de mulata Panchita y bebe ron y canta habaneras. 

En eso de los cambios algunos partidos son terribles,un verdadero martillo de herejes. En una ciudad importante de Catalunya han cuestionado nombres de calles dedicadas a Quevedo, a Goya, a Machado. Lo de Machado no deja de ser curioso, hace algún tiempo un conocido mío, maestro, alababa Machado en el feisbuc, como ejemplo de intelectual comprensivo con Catalunya, intenté sacarlo de su error, no sabía que el poeta, como tantos otros de su generación, también republicanos, como Alberti, a quién se había recibido en Barcelona con aclamación devota en tiempos difíciles, había manifestado cosas algo molestas con referencia a los catalanes y el catalán. Claro que Ferrer y Guardia hizo lo mismo o peor, pero es uno de los personajes que cuenta con más calles y monumentos en Catalunya. Un bel morir...

En general, todos esos prejuicios muestran el gran desconocimiento sobre historia, literatura y lo que sea que tienen esos que nos mandan, pero, claro, concentran poder y poder de difusión. En Catalunya la cosa es más complicada que en otros lugares, había catalanistas de derechas y de izquierdas, los hay todavía, y había españolistas de derechas y de izquierdas, los hay todavía, Pla, ese heterodoxo, ya lo advirtió en alguna ocasión. Para tener nombre de calle habría que ser catalanista de izquierdas desde el nacimiento a la defunción, con una vida intachable, honesta, coherente e incluso casta, cosa imposible. Por eso hay que maquillar biografías y potenciar mitificaciones. Hoy, además, surge otro problema, la potenciación de la paridad, debemos buscar nombres de señoras importantes para conseguir la igualdad callejera.

A mi me gustan los nombres de calles inocentes, que hacen referencia a plantas, animales, paisajes, incluso, como ocurre en la Zona Franca, a minerales y elementos químicos. Monumentos, hoy, no nos hacen ninguna falta, son caros, absurdos, dan dinerito a artistas de moda y supuesto prestigio a los gobernantes fashion pero para mi gusto tenemos bastante con los artistas grafiteros, excelentes, quienes, además, son capaces de reconvertir sus obras en otras, sin ese afán de supervivencia tan castrante que tienen los famosos convencionales. 

Trabajé en una escuela que durante un tiempo tuvo problemas estructurales, en una reunión un padre que trabajaba en el ayuntamiento se quejó al político de turno de lo que se habían gastado en un horrible monumento en comparación con lo que se invertía en el mantenimiento escolar y el político lo amenazó sin contemplaciones, fue muy desagradable pero me dio una idea de cómo iban las cosas. Eso, en tiempos democráticos.

En mi barrio viví, hace años, una pequeña historia absurda. Un grupo radical de jóvenes mantuvo, durante un tiempo, que debíamos que cambiar el nombre de la calle Poeta Cabanyes por la de otro Cabanyes, el creador del cuerpo de los Migueletes. En mi barrio hay muchos nombres de calle relacionados con personajes de la Guerra dels Segadors. Esos nombres, de gente, en general, poco conocida, son originales, tienen relación con Montjuïc, dónde se libró una batalla importante en la cual, sin que se sentase ningún precedente, ganamos a los españoles, aunque en un lado y el otro había gente de toda Europa metiendo bulla.

El franquismo, tanto más ignorante en muchos aspectos que esos iconoclastas actuales, no cambió esos nombres ni se enteró de las referencias. Sin embargo, a finales de los años cuarenta, año en el cual se celebró alguna efeméride relacionada con el Poeta Manuel de Cabanyes, alguien cambió el nombre de la calle y le añadió la referencia poética.

Los jóvenes airados de hace algunos años sostenían que el pobre poeta era españolista y que escribía en castellano. Manuel de Cabanyes murió muy joven, escribió en castellano porque así lo hacía todo el mundo culto en aquella época, se le ha comparado con los grandes románticos anglosajones. Uno de sus descendientes es un escritor catalán importante. En Vilanova i la Geltrú, su ciudad, se le han dedicado centros educativos y calles, está a punto de publicarse una traducción de su poesía al catalán. 

Razoné todo eso con uno de los partidarios del cambio, pero ni caso. Sin embargo, por casualidad, supe que durante la guerra civil el nombre de la calle se cambió de nuevo y se le puso el nombre de una persona muerta en combate, Agulló, de quien no he encontrado más referencias, un joven que pertenecía al POUM. Puestos a cambiar, comenté, ya pasamos directamente al luchador republicano. Pero mi interlocutor era comunista, ya sabemos cómo las gastaron los comunistas con los del POUM, la cosa se complicaba e ignoro si por ese motivo o porque el grupo defensor del Cabanyes militar ya no tenía tanta fuerza, la movilización se diluyó en la nada aunque quizás algún día vuelve a moverse el tema, quién sabe. Todo eso de las recuperaciones da mucho juego a los políticos, pueden montar festejos y ponerse medallitas.

Yo prefiero, evidentemente, tener un poeta en el barrio antes que un militar. El cuerpo de los Migueletes, además, adquirió posteriormente tan mala fama que hubo que liquidarlo. Me he dado cuenta de que a poca gente le interesa la historia real, con sus matices y sus contradicciones, venden más las historias de buenos y malos, los tópicos sin matices, vaya. Una solución dada a algunas calles de mi ciudad con nombres que hacían referencia a personajes que hoy, según esas visiones miopes, pueden ser políticamente incorrectas, ha sido dejar los nombres sin apellidos, me explico: carrer del Duc, Mirador de l'Alcalde, Passatge del Capità, Passeig del General... Cosas así, sin que se sepa quiénes eran ese Alcalde, ese Duque, ese General. 

Mirado todo con lupa deberíamos eliminar un montón de nombres, los de los violentos, los de los militares, los de los religiosos, los de los españolistas, los de los machistas, los de la gente de derechas, los de reyes y obispos, catalanes incluídos, al fin y al cabo Jaume I hizo una masacre de categoría en Mallorca con los pobres musulmanes residentes... 

Un caso lleno de contradicciones es el del general Prim, que fue esclavista y mató a un montón de negros de todas las edades en Haití, però poca gente se mete con él si no es para advertirnos de que en Madrid le hicieron la cama. Prim tiene estatuas, calles y hace poco le dedicaron telefilme que sólo narraba sus últimos momentos, por si acaso, y nos ofrecieron muestras macabras de su cuerpo momificado para poder demostrar que lo habían rematado después del atentado, cosa que no se pudo demostrar, ya que unas marcas en el cuello parece que fueron producidas por las características de su uniforme.

Los cambios y eliminación de monumentos se han hecho dando tumbos y sin criterios sòlidos, la verdad. Mi opinión de abuela es que hay que dejarlo todo como está y no perder el tiempo en tonterías. Muchas veces la precipitación homenajeadora ha propiciado situaciones chungas, a Pujol le dedicaron una estatua horrible en su pueblo y luego la tuvieron que derribar a toda prisa. Ayer miraba en una televisión local el discurso de un alcalde con motivo de las Fiestas Mayores, detrás del alcalde se veía una placa adosada a un edificio municipal en la cual se hacía referencia a la inauguración del edificio en un ya lejano 18 de julio de los setenta, por parte de alguna autoridad de la época. Me temo que la plaquita tiene los días contados si alguien percibe la incómoda referencia.

Estos días se han celebrado muchos actos en recuerdo de la Olimpiada, un hecho bastante mitificado también, por cierto. La Olimpiada barcelonesa, tan santificada en sus bodas de plata, no hubiese tenido lugar si ese lince que fue Samaranch no hubiese  estado metido en el tema. Samaranch es hoy un personaje incómodo, incomoda que se le haya dado su nombre a lugares diversos. Me temo que con el tiempo van a eliminar su apellido del espacio urbano, si mandan los puristas incorruptibles. Parecerá que la Olimpiada la conseguimos sin tejemanejes, gracias a nuestra idiosincrasia de pueblo unido jamás será vencido, de forma honesta y colectiva. 

Hace poco tiempo un purista de esos me criticó que en el Paralelo barcelonés haya una fuente, bastante modesta y poco cuidada, por cierto, dedicada a Raquel Méller, ya que esa señora fue... amiga de Alfonso XIII.  He oído muchas tonterías en los últimos años y en los anteriores, en los anteriores no me daba cuenta e incluso me hacían comulgar con ruedas de molino, la verdad. La juventud es muy frágil y crédula. 

La verdad es que esos temas tienen poca importancia, los nombres de calle acaban por sonar a calle y poca cosa más. Y los monumentos acaban siendo lugares de reposo y defecación para las palomas y las gaviotas. Sic transit...

martes, 4 de julio de 2017

PERDER EL TIEMPO PARA RECOBRARLO

Resultat d'imatges de libreria
Librería El Virrey, Lima

Ayer miraba uno de esos canales modestos en los cuales todavía hay programas sobre libros en horario asequible. Un periodista cultural de mediana edad y un librero más joven fueron preguntados por el también joven director del programa sobre si releían. Uf, contestó el joven librero, que va, no hay tiempo, debo saber qué se publica para poder recomendar libros y salen tantas cosas cada día... El periodista dijo que poco, de vez en cuando, pero que también se veía obligado a leer novedades, por motivos profesionales.

Uno y otro usaron, en referencia a la relectura, la frase perder el tiempo. Por suerte ya no es tan frecuente una frase antigua, aquella de matar el tiempo, tan horrible. Me imagino la carga que debe representar tener una profesión que obliga a leer de forma rápida, compulsiva, poco meditada y sin posibilidad de relectura. Aplicado a una cosa como la lectura, tan excesivamente valorada, tan mitificada de forma absurda, suena mal, pero ese consumo compulsivo de lo que sea es muy de nuestro tiempo y cuando hablo de nuestro tiempo incluyo el presente pero también el pasado reciente.

Una amiga mayor que yo, que, con su marido, había sido muy viajera y que hoy, por razones de edad, no viaja tanto, me dijo un día que nunca les había gustado repetir, ya que había tantas cosas para ver. No viajaban por obligación profesional, como el librero y el periodista, pero sí por una especie de obligación cultural ya que el viaje también se ha mitificado. Lo que se mitifica, si es asequible, se masifica y se frivoliza, quizás no puede ser de otro modo. Hay gente que cree que un viaje a un lugar lejano exige que veas todo lo que puedas para aprovechar el dinero y el desplazamiento pero,  en cambio, desconoce su ciudad, su barrio, su calle.

Leer o viajar por placer, por verdadero placer, creo que comporta repetir, que exige una cierta lentitud, no ambicionar llegar a todo, cosa imposible, pero sí saborear aquello que nos resulta agradable. Un libro releído, una película que se vuelve a contemplar, un lugar al cual volvemos, es siempre nuevo, diferente. También nos puede decepcionar, claro, el recuerdo es engañoso y las cosas cambian, no siempre a mejor.

En el otro extremo de esas inquietudes por la pérdida de tiempo están las personas que sólo releen clásicos, por ejemplo, o aquellos que ya no van al cine porque las películas de hoy no les gustan. Siempre se habla por experiencia propia y nuestra experiencia suele ir cargada de prejuicios y tópicos. Hoy todo es cuantitativo, se sube a las montañas corriendo y las cajitas de lápices de colores justo se estrenan. 

Hace años envidiaba a los profesionales de eso impreciso que llaman cultura, actores, periodistas, críticos teatrales, profesores de universidad. Pero todo acaba por ser repetitivo, nos guste o no y en el fondo la realidad es que una profesión o un lugar de trabajo se valora por sus rendimientos econòmicos. Ese sentimiento de rutina lo expresó muy bien aquel conocido poema de León Felipe sobre ser en la vida romero e intentar que las cosas no nos hagan perder el respeto por la realidad. Sin embargo, nunca puede ser todo nuevo y excitante y también tiene un valor poético la monotonía, la repetición, el reencuentro.

La lentitud tiene un valor y, cuando envejeces, resulta inevitable, obligatoria. Pero la publicidad, la medicina, intentan que ni tan sólo en esa etapa final seas lento. No se puede ser viejo, esa palabra, hoy, parece un insulto. Me dieron cierta pena ese librero, ese periodista, obligados a leer de todo para tener opinión y poder expresarla. Necesitamos de esos lectores compulsivos dedicados a esos trabajos porque tampoco tenemos tiempo para repasar los miles y miles de libros amontonados en las grandes librerías y escoger, así que nos dejamos influenciar por las recomendaciones de unos expertos esclavizados por su trabajo que quizás creen importante, imprescindible.

Es imposible leerlo todo, verlo todo, mirarlo todo. Esos intentos acaban por conformar un mundo algo histérico, las posibilidades de acceder a tantas cosas han perjudicado la calidad, pero es la tendencia actual, también el trabajo industrial acabó, más o menos, con el trabajo artesanal, más bien hecho pero accesible a minorías, en general. Hace años leí en un Correo de la Unesco, una revista que en mi juventud se leía bastante y hoy no sé ni si existe ya, que la educación del futuro posibilitaría los viajes de grandes masas de personas, para conocer el mundo y la gente en su salsa. 

Explicado allí y entonces parecía muy poético, casi imposible. Hoy esas masas ya existen, transitan de forma rápida por nuestras ciudades, por nuestro cielo o por nuestros mares, parecen más bien extraños rebaños humanos que ven mucho y miran poco. Sin embargo, mi opinión, me temo, tiene poca validez. Es la de una abuelita y ya se sabe que el paso del tiempo deforma las evocaciones y nos muestra el pasado bañado en esa poesía que el presente no tiene ni tendrá. Sobretodo, cuando ya no eres joven y parafraseando los manidos versos de Gil de Biedma, ves que la vida va en serio y que envejecer y morir es el destino inevitable de los que leen mucho y de los que leen poco.

jueves, 8 de junio de 2017

ORGULLO CINÉFILO HISPÁNICO

Resultat d'imatges de Orgullo cine español

Con el paso de los años, mientras algunos antiguos ídolos de mi imaginario sentimental se diluyen en la nada, aumenta mi admiración hacia otros en los que no reparé como debía. Un director de cine -y muchas cosas más- que crece con el tiempo en mi valoración personal es Mur Oti, un genio que anduvo suelto, como lo mencionaba la prensa, en concreto ABC, en el obituario que le dedicó con motivo de su muerte y en el que se contaban algunas de las muchas anécdotas singulares de su vida.

En más de una ocasión he escrito sobre este director y alguna de sus películas, en este blog o en algún otro de los míos. Anteayer por la tele pasaron Orgullo, una película que no recuerdo haber visto anteriormente, aunque la memoria, a veces, nos engaña. Me quedé maravillada con la puesta en escena, con los actores, sobre todo con las dos mujeres protagonistas, con esos rebaños inmensos, con esos exteriores tan atrevidos para la época, con esos interiores tan bien compuestos, tan evocadores.

En la presentació contaron que a causa del mal tiempo no se pudo rodar en el lago Enol, que se hizo esa parte en el lago de la Casa de Campo, y que se arreglo el decorado con unos ingeniosos cristales pintados. Orgullo es una historia típica de amores difíciles entre personas de familias enemistadas, eso de Romeo y Julieta, vaya, tan bien aprovechado y que, según cuentan, tampoco inventó Shakespeare. En Orgullo, una historia, pese a todo, con final feliz, hay muchas cosas. En ocasiones parece un western, es una historia épica que bebe en mucho cine mítico y que quizás también fue copiada de forma discreta por directores posteriores que no lo supieron reconocer.

La pareja madura eran Cándida Losada, de larga y fecunda trayectoria en teatro, cine, televisión. Y Enrique Diosdado, el padre de Ana Diosdado, un gran actor y todo un señor maduro de muy bien ver, hasta el punto de qué te preguntas si la chica no acabará enamorándose del suegro, ya que el galán joven es el más soso de todos, la verdad. Los dos jóvenes eran actores brasileños, Marisa Prado y Alberto Ruschel. Mur Oti intentó dar al conjunto cierto tono internacional. Los dos actores y todo el equipo habían triunfado hacía pocos años en Cannes con O Cangaceiro, una película brasileña de culto. Ruschel, gracias a ese éxito, hizo una larga carrera en el cine, trabajó en Argentina, en España. Murió en Rio de Janeiro a los setenta y siete años, en 1996.

Marisa Prado me pareció extraordinaria, moderna, hermosísima, una gran actriz con muchos registros, impresionante. Ni su carrera ni su vida fueron tan largas como las de Ruschel. Se casó dos veces, murió en circunstancias no aclaradas en Egipto, su segundo marido, un millonario libanés comentó que tenía depresiones. Puede que se suicidara. Tenía cincuenta y un años, hacía tiempo que no trabajaba en el cine.

Orgullo es épica pura. Sin que el guión sea demasiado original, impresiona, incluso a pesar de contemplarla en la pequeña pantalla. En un cine convencional debe impresionar todavía más. Esas cumbres, la sequía, la llegada del agua, el río, los trabajadores de las dos fincas conformando un colectivo que tiene vida propia. Secundarios extraordinarios que hemos olvidado de forma injusta. Orgullo tuvo mala suerte, a causa, en cierto modo de la política. 

A Mur Oti, en 1993, le dieron un Goya de honor. En aquellos años todavía no se decían tonterías en esas celebraciones ni se hacían bromitas estúpidas, todo era, todavía, serio y formal. Por cierto, alguien que ame el cine y domine el medio debería completar la entrada de wikipedia dedicada al director,  parece un telegrama.

Mur Oti fue muchas cosas más, poeta, guionista, novelista... Un genio, a menudo incomprendido, pero ver una de esas películas suyas imprescindibles nos deja pasmados. Durante algunos años, como él mismo comentó al recibir el premio, el silencio se extendió sobre él y sobre tantos otros. Ahora resulta que, con tantas trabas, con tanta censura, con tantas dificultades, aquel cine tiene joyas que no es fácil recuperar, a veces olvidadas o silenciadas. 

Ese programa de la segunda cadena está haciendo una labor inmensa de recuperación, cierto que entre tanto cine español hay cosas prescindibles, curiosidades pintorescas, pero incluso el mal cine antiguo, o aquel destinado a adoctrinar patriótica y políticamente, debe verse, ni que sea para criticarlo y para comprender la época y sus circunstancias, aunque hay quien quisiera condenarlo al ostracismo y a la supresión indiscriminada. 

domingo, 14 de mayo de 2017

COBARDÍAS MUSICALES Y SUPERVIVENCIAS DIVERSAS

Resultat d'imatges de EL RUIDO DEL TIEMPO


No soy lectora incondicional de Barnes aunque le reconozco el mérito narrativo. Una amiga me ha pasado su último libro, inspirado en la vida del músico Shostakóvich y en sus relaciones con el estalinismo. No soy tampoco demasiado entendida en el tema musical y se me escapan algunos tropiezos que los expertos han encontrado en el texto, relacionados con la terminología específica de ese mundo profesional. El libro no es una biografía sino una reflexión en tres tiempos sobre el personaje y sus problemas.

Algunas críticas que he leído sobre la novela inciden más en el fondo que en la forma. Parece que nos resultan más admirables los personajes valientes, coherentes, heroicos, que mueren en el intento, que no aquellos dispuestos a hacer eso que en catalán llamamos la puta i la Ramoneta. Por ahí van alguna comparaciones con otros intelectuales de su época que acabaron muy mal. Nos gustan más los mártires que los supervivientes, en general. Incluso Stalin acabó con muchos supervivientes de los campos de concentración nazis, por si acaso. Los mártires son más cómodos. Los supervivientes suelen ser contradictorios, cobardes, oportunistas. Si una hermosa muerte honra una vida, una larga vida deshonra muchas de nuestra heroicidades, ahí está la trágica figura, por ejemplo, de Petain.

Hace poco tiempo volví a ver una entrevista con el gran Buero Vallejo,  un enorme y admirable superviviente, pero que parece incomodar todavía a muchos dogmáticos, hasta el punto de que el centenario de su nacimiento pasó un poco de puntillas, en Catalunya se limitó a alguna lectura y poca cosa más. Buero se adaptó a la época que le tocó vivir, después de salvarse por los pelos de ser ejecutado. Incluso triunfó en pleno franquismo porque aquel contexto precisaba también de poder respirar por alguna parte. 

La lectura del libro de Barnes nos dice poca cosa sobre la vida del músico, por suerte hoy podemos contar con informaciones diversas, gracias a internet. Incluso podemos ilustrar nuestra lectura con su música. Resulta extraña la fijación del estalinismo con la poesía, la pintura, la música. Los artistas, los intelectuales, son una especie etérea, sobrevalorada. Todavía más hace años, cuando eran minoría. Sin embargo el estalinismo no acabó sólo con artistas e intelectuales, acabó con todo el mundo, mató más gente que el nazismo aunque parece que todavía cierta izquierda no quiera reconocerlo. Las miserias habían empezado antes, con Lenin, que a veces parece el bueno de la película, y no terminaron del todo com la muerte de Stalin aunque alguna ventana se abrió. Nada que ver con nuestro pintoresco franquismo, la verdad.

Los intelectuales europeos fueron muy serviles con el comunismo de la época, silenciaron, callaron, colaboraron, nos mintieron, se fueron de vacaciones a Rumania. Todo, dicen, decían, para no hacer el juego al franquismo. En el fondo la especie humana es así de miserable, con pocas excepciones puntuales. Nosotros, los españoles, en general, aunque es injusto generalizar, también fuimos serviles a menudo con la situación, por necesidad vital. En una novela de Sartre un personaje dice que si llegan a mandar los nazis él sobrevivirá y se hará su rinconcito, cosa que el autor desprecia y critica, él, que tan incoherente, cobarde y servil fue en muchas ocasiones y que, precisamente, durante la ocupación nazi de su país se montó su cómodo rinconcito.

Hoy cuesta pensar en esas vidas sepultadas por la losa de la política, llenas de incertidumbre, en las cuales la vida vale poco. Shostakóvich fue un superviviente preocupado, inquieto, amargado en ocasiones, ni disidente en la sombra, ni héroe, ni un esclavo del régimen. Hoy, aquí, el buen artista parece que ha de ser de izquierdas y muchos actores y actrices aprovechan cualquier acto público para hacer profesión de fe progre. Resulta casi imposible, sin la perspectiva que da el paso del tiempo, valorar las obras contemporáneas de forma desacomplejada y libre. Todos tenemos nuestras manías, puede que nos guste  un autor, un músico, una actriz, pero si éste manifiesta de forma pública ideas que no son las nuestras, lo rechazamos, ya no es tan bueno.

Los poderes de hoy, aquí, no son como los de antes, pero todavía hay clientelismo, servitudes, la libertad, en muchos casos, comporta soledad, ostracismo. Ya no son sólo los poderes políticos los que determinan la suerte del creador, del profesional, están los poderes académicos, los económicos no oficiales, cosas así. Nadie sabe qué es la cultura pero todo el mundo habla de ella y en su nombre se cometen muchas tonterías. El libro de Barnes, sin resultar redondo del todo, incide en esa reflexión sobre el arte, sobre la cultura, sobre los contextos castrantes y los miedos humanos, comprensibles. Comprensibles para los adultos, para los viejos, y aún así, no para todos. La juventud quiere héroes, los sistemas quieren mártires. El coraje, el valor, todo eso, qué bonito suena. ¿Quién no ha pensado, en su adolescencia, en la grandeza que representa morir en la lucha por una idea justa o en defensa de los oprimidos? Luego resulta que ni la idea era tan justa ni los oprimidos tan adorables. Y la lucha, ay, la lucha lleva a la muerte prematura y lo único que tenemos es esa vida breve, puede que mediocre, frágil e inexplicable pero de un valor incalculable para cada uno de nosotros.

Creo que fue Perel, un superviviente judío que en su adolescencia se hizo pasar por ario, quién, ante algunas críticas sobre su actuación en aquellos años manifestó que valía más un perro vivo que un león muerto, gran verdad. Su madre, que fue asesinada con un gran número de miembros de su familia, le insistió en que debía vivir y sobrevivir. Su vida inspiró la película 'Europa, Europa'. Perel ha sido durante años un gran defensor de la paz con el pueblo palestino y es que quien ama su vida de verdad suele respetar a fondo la del resto de la gente.

sábado, 25 de marzo de 2017

LA DAMA DEL VATICANO

Resultat d'imatges de PALOMA GOMEZ BORRERO

Me ha sabido mal la muerte de Paloma Gómez Borrero, aunque jamás la conocí personalmente. Durante mi juventud, cuando la periodista nos ofrecía informaciones entusiastas desde el Vaticano, ironizamos mucho sobre ella. El Vaticano y su entorno, el catolicismo oficial y todo eso nos parecían banalidades resistentes, a extinguir. El inefable Calviño y su renovación del medio acabó con la tarea de Gómez Borrero pero continuó trabajando en la radio y en cadenas privadas. A Calviño le sucedió Pilar Miró, sin duda ambos tuvieron aciertos pero en aquellas coladas perdimos muchas sábanas y si bien el medio se renovó y hoy quizás añoremos aquellas renovaciones también perdimos en el fuego muchas cosas que quizás recuperamos, en parte, en las cenizas, aunque ya no son las mismas, ni ellas, ni nosotros. 

La historia de la tele, de las teles, de sus canales, de sus personajes, de sus programas, merece una gran atención y una asignatura especializada en las facultades de periodismo, quizás ya exista, no lo sé. Pero lo dudo cuando percibo la gran ignorancia sobre ese tema y tantos otros de los recién licenciados en esa carrera. También pasa en otras, claro. Se cuenta lo que conviene y se oculta o silencia lo que no responde a las consignas o los dogmas del momento, què hi farem.
Resultat d'imatges de amigas y conocidas
A pesar de su especialización informativa católica creo que Paloma Gómez Borrero caía bien a la gente, incluso a los agnósticos o ateos, como yo misma. Tenía un rostro amable, de señora de clase media alta inteligente y poco beligerante, bondadosa y comprensiva. Creo que en ello pesaba la percepción de su gran cultura, de la cual no alardeaba sino que, simplemente, se le notaba. Cuando se le hacía alguna entrevista en profundidad afloraba ese poso cultural ecléctico y tolerante.

Confieso sin complejos que a veces, cuando estoy en casa, esperando que acabe de hervir el puchero, me miró el programa Amigas y conocidas. Ese programa es una curiosidad de nuestro tiempo a tener en cuenta. Puede parecer un programa de peluquería, unas cuantas damas diversas en edad, ideología, aspecto físico, debaten sobre todo tipo de temas, hablando a menudo todas a la vez e intentando que las fricciones, en ocasiones inevitables, no deriven en conflicto. Una habitual del programa era Paloma Gómez Borrero, jamás se enojaba, creo que producía en el resto una especie de efecto pacificador. Amigas y conocidas puede parecer un programa frívolo pero tiene aspectos de los cuales deberían aprender esos sesudos y tontos debates políticos con los cuales nos machacan por todas partes.

Paloma Gómez Borrero era elegante sin estridencias, toda una señora, pero también parecia cercana, esa vecina de enfrente, bien situada, a la cual no dudaríamos en pedir un favor. Parecía que tenía vida para años a pesar de su salud, fràgil en muchos aspectos, y sin embargo, de forma rápida y casi imprevista, ha desaparecido. Si hay cielo, no cabe duda de qué debe estar por allí. En el programa tambien interviene otro mito de mi juventud, Cristina Almeida. Como suele suceder en los encuentros con amigas, entre mujeres, se evitan los aspectos de la actualidad demasiado conflictivos. La presentadora tiene una gran habilidad para cambiar de tema cuando la cosa se desborda. Es un programa para pasar el rato, he leído que se inspira, como casi todo, en un programa americano de éxito. Ha habido sus más y sus menos, como la desaparición de Loles León a causa  de su excesiva y manifiesta heterodoxia. Una lástima.

Con la desaparición de esos personajes que formaron parte de nuestra infancia televisiva, de nuestra juventud protestona, de nuestra madurez decepcionada y casi, casi, de nuestra plácida vejez, muere algo de nosotros, de nosotras. Descanse en paz la admirada periodista y si en el más allá hay televisión, allí nos encontraremos.


viernes, 24 de febrero de 2017

LENGUA DOGMÁTICA Y LENGUA CAÓTICA

Resultat d'imatges de anatomia del lenguaje libro

Estoy leyendo, entre otros, este libro de Elena Álvarez Mellado. Me enteré de su existencia a través de uno de esos excelentes programas de radio de la UNED. Muchas de las cosas que cuenta y razona las sabía ya, sobre todo porque en mi juventud me tropecé en la universidad con profesoras excelentes y avanzadas a su tiempo, como Coloma Lleal. También me tropecé con todo lo contrario, dogmáticos de la perfección desde arriba, en catalán y en castellano, existen en todos los idiomas, me temo. Una profesora de catalán dogmática, que estaba embarazada, nos explicó que a su hijo le hablaría desde el primer día usando a la perfección esos terribles pronoms febles. Lo peor que puede hacer cualquier profesional es querer practicar las teorías de lo que sea con la familia.

Tener un libro de referencia va bien, de otro modo si a alguien le discutes sus dogmas por tu cuenta piensa que eres una esnob que disfruta dejando ir boutades sin más interés que llamar la atención. Hace un tiempo discutí de forma espontánea algo relativo a la lengua catalana, sin éxito, todo hay que decirlo. Busqué por internet a ver qué definiciones de lengua, de lenguaje, de idioma, encontraba por ahí. Me di cuenta de què eso de la lengua es tan abstracto y multidefinible como el arte o la cultura. Manejamos muchas palabras que damos por definidas de forma ortodoxa pero no es así. La gente que sabe mucho de lo que sea casi nunca dogmatiza. Te dicen que puede ser así pero que podría ser de otro modo, claro. En cambio, la población media con aspiraciones se mueve por convicciones que responden a consignas, en general.
Resultat d'imatges de la invención del pasado
Pasa con todo. Hace tiempo leí un libro interesante, sobre la invención del pasado histórico, de Miguel-Anxo Murado. A pesar de tanta bibliografía destinada a hacernos reflexionar sobre la relatividad de casi todo, los dogmas nos dan seguridad. Pasó esto, pasó lo otro, esta palabra es correcta, esta otra no lo es, si pecas irás al infierno y si eres bueno, irás al cielo. Parece que hay unos sabios en alguna nube lejana que son los que emiten los conocimientos canónicos. Como en todo eso, más allá de la lengua y de la historia, se mezclan la política y el poder, las patrias, celestiales o físicas, y tantas otras verdades absolutas, y como, en general, se lee poco y, todavía más, se lee mucha novela destinada a fortalecer nuestros dogmas y poco libro polémico con opiniones divergentes, así nos va.

Lo peor es que resultan más convincentes los dogmáticos que los inseguros o los escépticos, nos dan más seguridad. Sin embargo nos movemos encima de fragilidades, también en el campo científico aunque muchos científicos no lo quieran admitir. Conozco gente del campo científico que se rasga las vestiduras ante la poca fe en la ciencia de mucho pueblo llano, como si la verdad brillase por ella misma, si es que hay alguna verdad seria, que no lo sé.
Resultat d'imatges de Marfany nacionalisme

Hace poco me mandaron un libro que pedí, el que veis aquí. Me interesan los libros que cuestionan creencias diversas, creía, sin embargo, al encargarlo, que no era tan voluminoso. Mi nieta, de cuatro años, que en casa y en la escuela habla catalán pero que contempla con embeleso dibujos poco educativos en la tablet, en castellano, en español latino, que le hace mucha gracia, e incluso en inglés de consumo, lo miró y me comentó, convencida, en castellano rancio: ¡menudo libraco! Qué cosas tienen los niños, suelen decir las verdades, al menos hasta cierta edad, hasta esa edad que antes llamaban de la razón. 

Me recordó mi nieta cómo, en mis tiempos, repetíamos frases de los tebeos, en castellano, intercaladas en nuestro catalán suburbial. Algunos chicos, cuando se peleaban, recurrían a expresiones de Roberto Alcázar y Pedrín, como ¡chúpate esa mandarina! El lenguaje popular y vivo es una maravilla, muchas expresiones tienen una vida breve, responden a modas y franjas generacionales pero a veces sobreviven sin saber cómo, hace poco me di cuenta de qué en casa decimos frases que surgieron en zarzuelas, en cuplets, en obritas de teatro de antes de la guerra, ¡cuántas veces no hemos repetido aquello de qué las ciencias adelantan que es una barbaridad o qué un grupo de gente parecían los de Calatorao!

Los dogmas alcanzan a temas médicos, faltaría más. Sin ningún tipo de vergüenza nos endilgan anuncios sobre productos destinados, por ejemplo, a controlar ese colesterol amenazante. Los anuncios para la tercera edad claman al cielo. En esos anuncios se pronuncia el nombre de productos rarísimos, cómo si todo el mundo supiese qué son, también sucede con algunos productos de limpieza. La publicidad es una plaga pero también produce frases populares, todavía oigo a menudo, en catalán y castellano, que algo no ha pasado la prueba del algodón, cosas así.

Cuando yo iba a la escuela nos enseñaban un español rancio y sólido, absurdo, académico, rimbombante. Se pusieron de moda los programas de radio de 'El Zorro', aquello tan divertido del Hotel la Sola Cama y algunas profes estaban muy enojadas pues repetir aquel tipo de tonterías perjudicaba la lengua. Después llegó la tele, con sus doblajes pintorescos, todo aquello del obciso y el receso y se volvió a protestar, como no. La tele catalana empezó muy dogmática pero pronto tuvo que bajar velas y aceptar un poco de publicidad en castellano, la pela es la pela. Cuando hubo el dramático atentado de Madrid, con tantos muertos, se detuvieron todos los programas de televisión, con la excepción del futbol y la emisión de anuncios.

Cuando era joven tenía manía a los chicos que repetían frases de los anuncios para hacerse los graciosos, yo sigo, es búuuuuufalo. Hoy me encantan esas frases hechas que evocan publicidades ancestrales, nos unen en un imaginario colectivo interesante, entrañable. Es extraño como algunas cosas se olvidan pronto y otras perduran en el lenguaje, en la memoria, en las muletillas. Las grandezas del lenguaje, sea el que sea, consisten, precisamente, en las imperfecciones creadas y recreadas por el pueblo llano de forma casi espontánea. La alfabetización intensiva ha representado un gran avance pero ha acabado con mucha creatividad intuitiva y brillante.

domingo, 29 de enero de 2017

METÁFORAS CERCANAS

Resultat d'imatges de Loving

Puede verse estos días en los cines la película Loving, aunque parezca que el titulo hace referencia al amor de la pareja protagonista, Loving es el apellido familiar de una pareja normal y corriente, situada, por circunstancias que no han buscado ni deseado, en el centro de un debate que acabó por sentar jurisprudencia.

La historia es sencilla, previsible y cuenta un caso real, además. La película se beneficia de ese trabajo excelente de los actores que la protagonizan, poco conocidos hasta ahora. A la dama ya la han nominado para los óscars, según creo. Pero la historia, a mi entender, se queda corta, se centra demasiado en esa familia tan convencional, en sus problemas, en ese peso excesivo que consiste en ser héroe a la fuerza. 

Me ha faltado contexto. Aquí la policía no es excesivamente mala, ni ese juez local, tan gris, tiene malas intenciones. Quieren que se cumpla la ley, que contemplan desde un prisma de su propia lógica. Queda solamente esbozado  ese núcleo pueblerino, en el cual convivían negros, blancos, indios, en años difíciles y en el cual creció, parece que feliz, esta parejita. También se profundiza poco en esos cambios de los sesenta, de mentalidad en tantos campos, que fueron más radicales en los Estados Unidos que en ese París del sesenta y ocho que se puso las medallas. Incluso la buena gente, negra o blanca, que forma parte del círculo cercano de los protagonistas, no entiende como esa pareja ha sido tan imprudente o ingenua y se ha metido en ese lío. ¡Qué ganas de complicarse la vida!, cuántas veces hemos oído eso cuando un ataque de coherencia nos ha empujado a enfrentarnos con la mayoría.

Es habitual pensar que si no haces nada malo no te va a pasar nada malo pero la vida no es así. El policía local que los detiene incluso los disculpa, ese albañil, rudo, trabajador y bonachón, nació en el lugar equivocado, sin saber qué era bueno o qué no lo era. Des de su punto de vista, el hombre tiene sus razones, aunque parezcan surrealistas, contempladas desde nuestro presente. Nos condiciona el lugar en qué nacemos, sin elegirlo, la época, la ideología familiar, todavía más la ideología de nuestros amigos, de nuestros compañeros de estudios. Nos condicionan la política, la televisión, las consignas de los expertos, los dogmas renovados, los médicos, los maestros, los periodistas de culto. La libertad de opinión es, en realidad, un espejismo con matices.

Hace años, aunque no tantos, cuando las guerras en los Balcanes, una pareja yugoslava explicaba su experiencia por televisión, estaban muy enamorados pero sobre ellos se cernían presiones inmensas, habían crecido sin problemas bajo una misma nacionalidad y ahora familiares y amigos querían que tomasen partido. Ellos también se sentían patriotas, en cierto modo, un serbio y una croata, qué cosas. No querían renunciar a esas inquietantes señas de identidad que nos etiquetan territorialmente. Ignoro como acabó su relación, eso tiene la tele, que a menudo no sabemos el final de las historias que nos cuentan y que nos conmueven. 

Sin duda en esos casos, desde fuera, desearíamos que esas parejas se largasen a otro lugar más amable, pero las cosas no son tan sencillas. La protagonista de la película siente nostalgia de su pueblo, quiere ver crecer a sus hijos allí. El hombre, lo mismo. Los lazos familiares son un peso pesado, tienen sus virtudes pero también sus condicionantes negativos. Sin llegar a esos extremos, de momento, percibo por aquí con inquietud esa tendencia galopante a potenciar lo que nos separa y no lo que nos une, pero, por otro lado, también lo que nos une consigue que la convivencia pacífica sea una realidad admirable en ese tiempo de cambios de población y diversidades culturales cercanas. Las grandes tragedias colectivas han sido provocadas tanto por lo que separa como por lo que une o debería unirnos aunque fuese a la fuerza, claro.

Con el franquismo crecimos siendo españoles a la fuerza, sin embargo, el gobierno y la sección femenina potenciaban la regionalización folklórica. Una amiga maestra, como yo, recordaba que de pequeña, en Andalucía, aprendió alguna canción catalana, gallega, con eso de las damas educadoras del régimen y sus currículums. Me temo que ahora, nada de nada, al menos de forma generalizada. No defiendo el franquismo ni aquellas miserias, me lamento de qué se haya perdido cierto espíritu integrador que consiguió que, por ejemplo, se vendiesen bastantes fascículos de un coleccionable que se llamaba España, qué hermosa eres. Ahora se viaja a las antípodas con facilidad pero cuando la gente empezó a comer caliente y a comprarse cochecitos existía una cierta idea ligada a círculos turísticos concéntricos, primero debíamos conocer Catalunya, después, España, y más adelante, si se podía, debíamos salir al extranjero, empezando por Francia.

Durante el tardofranquismo y la transición algo se hizo, existían unos libritos encantadores, destinados a las escuelas, con leyendas, tradiciones y canciones de toda la península. Alguna editorial progre editaba libros de lectura dónde podías encontrar textos para niños en todos los idiomas hispánicos, con su traducción al castellano, por si acaso. Aquello duró menos que la primavera de Praga. Los tiempos han cambiado y a mi me parece que se han complicado cosas sencillas, las escuelas, los hospitales, lo que sea, funcionan a base de eso que llaman protocolos y que hace que cuando pasa algo se tenga a mano una cabeza de turco a quién culpar. 

La potenciación de lo qué separa se manifiesta, sobre todo, en el tema lingüístico, en el cual somos unos grandes analfabetos. Hay gente del oeste europeo que se entiende, literalmente, hablando, pero para diferenciarse a fondo unos usan el alfabeto cirílico y otros, el latino. Con la mayoría de los hablantes de las lenguas derivadas del latín nos podríamos entender perfectamente, hablando despacio y con algo de buena voluntad. Muchas de esas lenguas, sin embargo, han elaborado unificaciones destinadas a decir, desde arriba, qué está bien y qué no lo está, suprimiendo con menosprecio variedades dialectales interesantes. Los medios de comunicación han conseguido o están consiguiendo esta unificación mucho mejor que las escuelas o las leyes contundentes. 

Hace años se hablaba de la Europa de los pueblos, pero continuamos con la Europa de los estados, los estados gozan de buena salud, al menos por aquí. Sin embargo, nunca se sabe. Todo es frágil. Los Loving consiguieron que se reconociese su matrimonio pero me temo que los prejuicios extraños, ligados incluso a interpretaciones bíblicas sobre razas y diferencias, no desaparecieron nunca del todo y esas supervivencias explican, en parte, eso de Trump, quién, entre otras cosas lamentables, va a mandar construir un muro colosal, cómo son los americanos, aquí los contemplamos con cierta distancia elitista, incluso. Oigo hablar estos días de los supuestos valores europeos cuando aquí tenemos montones de muros y el continente se ha bañado en sangre por todas partes hasta hace, como quién dice, cuatro días.

Cada día entiendo menos cosas como el patriotismo. Caes dónde caes y te crees, al menos durante un tiempo, que a veces es bastante largo, lo que te enseñan y te cuentan, ya que, como escribió el poeta, la cuna del hombre la mecen con cuentos. Con cuentos en el sentido peyorativo de la palabra, claro, cuentos chinos, cuentos de Calleja.

Uno de los personajes de El camino, esa tendera rancia, de conciencia escrupulosa, se acusa cuando no sabe de qué acusarse, en el confesionario, de que si hubiese nacido en Inglaterra sería protestante, ya que el cura le confirma que de haber nacido allí posiblemente su religión fuese aquella. Parece una anécdota banal pero a mi me parece de una gran profundidad, hay quién cree que nunca hubiese sido nazi, a pesar de vivir en el nazismo, pero la historia más bien demuestra lo contrario e incluso evidencia que es relativamente habitual convertirse a la religión de los que mandan, sobre todo cuando la conversión nos procura beneficios evidentes, aunque perjudique a otros.