sábado, 25 de marzo de 2017

LA DAMA DEL VATICANO

Resultat d'imatges de PALOMA GOMEZ BORRERO

Me ha sabido mal la muerte de Paloma Gómez Borrero, aunque jamás la conocí personalmente. Durante mi juventud, cuando la periodista nos ofrecía informaciones entusiastas desde el Vaticano, ironizamos mucho sobre ella. El Vaticano y su entorno, el catolicismo oficial y todo eso nos parecían banalidades resistentes, a extinguir. El inefable Calviño y su renovación del medio acabó con la tarea de Gómez Borrero pero continuó trabajando en la radio y en cadenas privadas. A Calviño le sucedió Pilar Miró, sin duda ambos tuvieron aciertos pero en aquellas coladas perdimos muchas sábanas y si bien el medio se renovó y hoy quizás añoremos aquellas renovaciones también perdimos en el fuego muchas cosas que quizás recuperamos, en parte, en las cenizas, aunque ya no son las mismas, ni ellas, ni nosotros. 

La historia de la tele, de las teles, de sus canales, de sus personajes, de sus programas, merece una gran atención y una asignatura especializada en las facultades de periodismo, quizás ya exista, no lo sé. Pero lo dudo cuando percibo la gran ignorancia sobre ese tema y tantos otros de los recién licenciados en esa carrera. También pasa en otras, claro. Se cuenta lo que conviene y se oculta o silencia lo que no responde a las consignas o los dogmas del momento, què hi farem.
Resultat d'imatges de amigas y conocidas
A pesar de su especialización informativa católica creo que Paloma Gómez Borrero caía bien a la gente, incluso a los agnósticos o ateos, como yo misma. Tenía un rostro amable, de señora de clase media alta inteligente y poco beligerante, bondadosa y comprensiva. Creo que en ello pesaba la percepción de su gran cultura, de la cual no alardeaba sino que, simplemente, se le notaba. Cuando se le hacía alguna entrevista en profundidad afloraba ese poso cultural ecléctico y tolerante.

Confieso sin complejos que a veces, cuando estoy en casa, esperando que acabe de hervir el puchero, me miró el programa Amigas y conocidas. Ese programa es una curiosidad de nuestro tiempo a tener en cuenta. Puede parecer un programa de peluquería, unas cuantas damas diversas en edad, ideología, aspecto físico, debaten sobre todo tipo de temas, hablando a menudo todas a la vez e intentando que las fricciones, en ocasiones inevitables, no deriven en conflicto. Una habitual del programa era Paloma Gómez Borrero, jamás se enojaba, creo que producía en el resto una especie de efecto pacificador. Amigas y conocidas puede parecer un programa frívolo pero tiene aspectos de los cuales deberían aprender esos sesudos y tontos debates políticos con los cuales nos machacan por todas partes.

Paloma Gómez Borrero era elegante sin estridencias, toda una señora, pero también parecia cercana, esa vecina de enfrente, bien situada, a la cual no dudaríamos en pedir un favor. Parecía que tenía vida para años a pesar de su salud, fràgil en muchos aspectos, y sin embargo, de forma rápida y casi imprevista, ha desaparecido. Si hay cielo, no cabe duda de qué debe estar por allí. En el programa tambien interviene otro mito de mi juventud, Cristina Almeida. Como suele suceder en los encuentros con amigas, entre mujeres, se evitan los aspectos de la actualidad demasiado conflictivos. La presentadora tiene una gran habilidad para cambiar de tema cuando la cosa se desborda. Es un programa para pasar el rato, he leído que se inspira, como casi todo, en un programa americano de éxito. Ha habido sus más y sus menos, como la desaparición de Loles León a causa  de su excesiva y manifiesta heterodoxia. Una lástima.

Con la desaparición de esos personajes que formaron parte de nuestra infancia televisiva, de nuestra juventud protestona, de nuestra madurez decepcionada y casi, casi, de nuestra plácida vejez, muere algo de nosotros, de nosotras. Descanse en paz la admirada periodista y si en el más allá hay televisión, allí nos encontraremos.


viernes, 24 de febrero de 2017

LENGUA DOGMÁTICA Y LENGUA CAÓTICA

Resultat d'imatges de anatomia del lenguaje libro

Estoy leyendo, entre otros, este libro de Elena Álvarez Mellado. Me enteré de su existencia a través de uno de esos excelentes programas de radio de la UNED. Muchas de las cosas que cuenta y razona las sabía ya, sobre todo porque en mi juventud me tropecé en la universidad con profesoras excelentes y avanzadas a su tiempo, como Coloma Lleal. También me tropecé con todo lo contrario, dogmáticos de la perfección desde arriba, en catalán y en castellano, existen en todos los idiomas, me temo. Una profesora de catalán dogmática, que estaba embarazada, nos explicó que a su hijo le hablaría desde el primer día usando a la perfección esos terribles pronoms febles. Lo peor que puede hacer cualquier profesional es querer practicar las teorías de lo que sea con la familia.

Tener un libro de referencia va bien, de otro modo si a alguien le discutes sus dogmas por tu cuenta piensa que eres una esnob que disfruta dejando ir boutades sin más interés que llamar la atención. Hace un tiempo discutí de forma espontánea algo relativo a la lengua catalana, sin éxito, todo hay que decirlo. Busqué por internet a ver qué definiciones de lengua, de lenguaje, de idioma, encontraba por ahí. Me di cuenta de què eso de la lengua es tan abstracto y multidefinible como el arte o la cultura. Manejamos muchas palabras que damos por definidas de forma ortodoxa pero no es así. La gente que sabe mucho de lo que sea casi nunca dogmatiza. Te dicen que puede ser así pero que podría ser de otro modo, claro. En cambio, la población media con aspiraciones se mueve por convicciones que responden a consignas, en general.
Resultat d'imatges de la invención del pasado
Pasa con todo. Hace tiempo leí un libro interesante, sobre la invención del pasado histórico, de Miguel-Anxo Murado. A pesar de tanta bibliografía destinada a hacernos reflexionar sobre la relatividad de casi todo, los dogmas nos dan seguridad. Pasó esto, pasó lo otro, esta palabra es correcta, esta otra no lo es, si pecas irás al infierno y si eres bueno, irás al cielo. Parece que hay unos sabios en alguna nube lejana que son los que emiten los conocimientos canónicos. Como en todo eso, más allá de la lengua y de la historia, se mezclan la política y el poder, las patrias, celestiales o físicas, y tantas otras verdades absolutas, y como, en general, se lee poco y, todavía más, se lee mucha novela destinada a fortalecer nuestros dogmas y poco libro polémico con opiniones divergentes, así nos va.

Lo peor es que resultan más convincentes los dogmáticos que los inseguros o los escépticos, nos dan más seguridad. Sin embargo nos movemos encima de fragilidades, también en el campo científico aunque muchos científicos no lo quieran admitir. Conozco gente del campo científico que se rasga las vestiduras ante la poca fe en la ciencia de mucho pueblo llano, como si la verdad brillase por ella misma, si es que hay alguna verdad seria, que no lo sé.
Resultat d'imatges de Marfany nacionalisme

Hace poco me mandaron un libro que pedí, el que veis aquí. Me interesan los libros que cuestionan creencias diversas, creía, sin embargo, al encargarlo, que no era tan voluminoso. Mi nieta, de cuatro años, que en casa y en la escuela habla catalán pero que contempla con embeleso dibujos poco educativos en la tablet, en castellano, en español latino, que le hace mucha gracia, e incluso en inglés de consumo, lo miró y me comentó, convencida, en castellano rancio: ¡menudo libraco! Qué cosas tienen los niños, suelen decir las verdades, al menos hasta cierta edad, hasta esa edad que antes llamaban de la razón. 

Me recordó mi nieta cómo, en mis tiempos, repetíamos frases de los tebeos, en castellano, intercaladas en nuestro catalán suburbial. Algunos chicos, cuando se peleaban, recurrían a expresiones de Roberto Alcázar y Pedrín, como ¡chúpate esa mandarina! El lenguaje popular y vivo es una maravilla, muchas expresiones tienen una vida breve, responden a modas y franjas generacionales pero a veces sobreviven sin saber cómo, hace poco me di cuenta de qué en casa decimos frases que surgieron en zarzuelas, en cuplets, en obritas de teatro de antes de la guerra, ¡cuántas veces no hemos repetido aquello de qué las ciencias adelantan que es una barbaridad o qué un grupo de gente parecían los de Calatorao!

Los dogmas alcanzan a temas médicos, faltaría más. Sin ningún tipo de vergüenza nos endilgan anuncios sobre productos destinados, por ejemplo, a controlar ese colesterol amenazante. Los anuncios para la tercera edad claman al cielo. En esos anuncios se pronuncia el nombre de productos rarísimos, cómo si todo el mundo supiese qué son, también sucede con algunos productos de limpieza. La publicidad es una plaga pero también produce frases populares, todavía oigo a menudo, en catalán y castellano, que algo no ha pasado la prueba del algodón, cosas así.

Cuando yo iba a la escuela nos enseñaban un español rancio y sólido, absurdo, académico, rimbombante. Se pusieron de moda los programas de radio de 'El Zorro', aquello tan divertido del Hotel la Sola Cama y algunas profes estaban muy enojadas pues repetir aquel tipo de tonterías perjudicaba la lengua. Después llegó la tele, con sus doblajes pintorescos, todo aquello del obciso y el receso y se volvió a protestar, como no. La tele catalana empezó muy dogmática pero pronto tuvo que bajar velas y aceptar un poco de publicidad en castellano, la pela es la pela. Cuando hubo el dramático atentado de Madrid, con tantos muertos, se detuvieron todos los programas de televisión, con la excepción del futbol y la emisión de anuncios.

Cuando era joven tenía manía a los chicos que repetían frases de los anuncios para hacerse los graciosos, yo sigo, es búuuuuufalo. Hoy me encantan esas frases hechas que evocan publicidades ancestrales, nos unen en un imaginario colectivo interesante, entrañable. Es extraño como algunas cosas se olvidan pronto y otras perduran en el lenguaje, en la memoria, en las muletillas. Las grandezas del lenguaje, sea el que sea, consisten, precisamente, en las imperfecciones creadas y recreadas por el pueblo llano de forma casi espontánea. La alfabetización intensiva ha representado un gran avance pero ha acabado con mucha creatividad intuitiva y brillante.

domingo, 29 de enero de 2017

METÁFORAS CERCANAS

Resultat d'imatges de Loving

Puede verse estos días en los cines la película Loving, aunque parezca que el titulo hace referencia al amor de la pareja protagonista, Loving es el apellido familiar de una pareja normal y corriente, situada, por circunstancias que no han buscado ni deseado, en el centro de un debate que acabó por sentar jurisprudencia.

La historia es sencilla, previsible y cuenta un caso real, además. La película se beneficia de ese trabajo excelente de los actores que la protagonizan, poco conocidos hasta ahora. A la dama ya la han nominado para los óscars, según creo. Pero la historia, a mi entender, se queda corta, se centra demasiado en esa familia tan convencional, en sus problemas, en ese peso excesivo que consiste en ser héroe a la fuerza. 

Me ha faltado contexto. Aquí la policía no es excesivamente mala, ni ese juez local, tan gris, tiene malas intenciones. Quieren que se cumpla la ley, que contemplan desde un prisma de su propia lógica. Queda solamente esbozado  ese núcleo pueblerino, en el cual convivían negros, blancos, indios, en años difíciles y en el cual creció, parece que feliz, esta parejita. También se profundiza poco en esos cambios de los sesenta, de mentalidad en tantos campos, que fueron más radicales en los Estados Unidos que en ese París del sesenta y ocho que se puso las medallas. Incluso la buena gente, negra o blanca, que forma parte del círculo cercano de los protagonistas, no entiende como esa pareja ha sido tan imprudente o ingenua y se ha metido en ese lío. ¡Qué ganas de complicarse la vida!, cuántas veces hemos oído eso cuando un ataque de coherencia nos ha empujado a enfrentarnos con la mayoría.

Es habitual pensar que si no haces nada malo no te va a pasar nada malo pero la vida no es así. El policía local que los detiene incluso los disculpa, ese albañil, rudo, trabajador y bonachón, nació en el lugar equivocado, sin saber qué era bueno o qué no lo era. Des de su punto de vista, el hombre tiene sus razones, aunque parezcan surrealistas, contempladas desde nuestro presente. Nos condiciona el lugar en qué nacemos, sin elegirlo, la época, la ideología familiar, todavía más la ideología de nuestros amigos, de nuestros compañeros de estudios. Nos condicionan la política, la televisión, las consignas de los expertos, los dogmas renovados, los médicos, los maestros, los periodistas de culto. La libertad de opinión es, en realidad, un espejismo con matices.

Hace años, aunque no tantos, cuando las guerras en los Balcanes, una pareja yugoslava explicaba su experiencia por televisión, estaban muy enamorados pero sobre ellos se cernían presiones inmensas, habían crecido sin problemas bajo una misma nacionalidad y ahora familiares y amigos querían que tomasen partido. Ellos también se sentían patriotas, en cierto modo, un serbio y una croata, qué cosas. No querían renunciar a esas inquietantes señas de identidad que nos etiquetan territorialmente. Ignoro como acabó su relación, eso tiene la tele, que a menudo no sabemos el final de las historias que nos cuentan y que nos conmueven. 

Sin duda en esos casos, desde fuera, desearíamos que esas parejas se largasen a otro lugar más amable, pero las cosas no son tan sencillas. La protagonista de la película siente nostalgia de su pueblo, quiere ver crecer a sus hijos allí. El hombre, lo mismo. Los lazos familiares son un peso pesado, tienen sus virtudes pero también sus condicionantes negativos. Sin llegar a esos extremos, de momento, percibo por aquí con inquietud esa tendencia galopante a potenciar lo que nos separa y no lo que nos une, pero, por otro lado, también lo que nos une consigue que la convivencia pacífica sea una realidad admirable en ese tiempo de cambios de población y diversidades culturales cercanas. Las grandes tragedias colectivas han sido provocadas tanto por lo que separa como por lo que une o debería unirnos aunque fuese a la fuerza, claro.

Con el franquismo crecimos siendo españoles a la fuerza, sin embargo, el gobierno y la sección femenina potenciaban la regionalización folklórica. Una amiga maestra, como yo, recordaba que de pequeña, en Andalucía, aprendió alguna canción catalana, gallega, con eso de las damas educadoras del régimen y sus currículums. Me temo que ahora, nada de nada, al menos de forma generalizada. No defiendo el franquismo ni aquellas miserias, me lamento de qué se haya perdido cierto espíritu integrador que consiguió que, por ejemplo, se vendiesen bastantes fascículos de un coleccionable que se llamaba España, qué hermosa eres. Ahora se viaja a las antípodas con facilidad pero cuando la gente empezó a comer caliente y a comprarse cochecitos existía una cierta idea ligada a círculos turísticos concéntricos, primero debíamos conocer Catalunya, después, España, y más adelante, si se podía, debíamos salir al extranjero, empezando por Francia.

Durante el tardofranquismo y la transición algo se hizo, existían unos libritos encantadores, destinados a las escuelas, con leyendas, tradiciones y canciones de toda la península. Alguna editorial progre editaba libros de lectura dónde podías encontrar textos para niños en todos los idiomas hispánicos, con su traducción al castellano, por si acaso. Aquello duró menos que la primavera de Praga. Los tiempos han cambiado y a mi me parece que se han complicado cosas sencillas, las escuelas, los hospitales, lo que sea, funcionan a base de eso que llaman protocolos y que hace que cuando pasa algo se tenga a mano una cabeza de turco a quién culpar. 

La potenciación de lo qué separa se manifiesta, sobre todo, en el tema lingüístico, en el cual somos unos grandes analfabetos. Hay gente del oeste europeo que se entiende, literalmente, hablando, pero para diferenciarse a fondo unos usan el alfabeto cirílico y otros, el latino. Con la mayoría de los hablantes de las lenguas derivadas del latín nos podríamos entender perfectamente, hablando despacio y con algo de buena voluntad. Muchas de esas lenguas, sin embargo, han elaborado unificaciones destinadas a decir, desde arriba, qué está bien y qué no lo está, suprimiendo con menosprecio variedades dialectales interesantes. Los medios de comunicación han conseguido o están consiguiendo esta unificación mucho mejor que las escuelas o las leyes contundentes. 

Hace años se hablaba de la Europa de los pueblos, pero continuamos con la Europa de los estados, los estados gozan de buena salud, al menos por aquí. Sin embargo, nunca se sabe. Todo es frágil. Los Loving consiguieron que se reconociese su matrimonio pero me temo que los prejuicios extraños, ligados incluso a interpretaciones bíblicas sobre razas y diferencias, no desaparecieron nunca del todo y esas supervivencias explican, en parte, eso de Trump, quién, entre otras cosas lamentables, va a mandar construir un muro colosal, cómo son los americanos, aquí los contemplamos con cierta distancia elitista, incluso. Oigo hablar estos días de los supuestos valores europeos cuando aquí tenemos montones de muros y el continente se ha bañado en sangre por todas partes hasta hace, como quién dice, cuatro días.

Cada día entiendo menos cosas como el patriotismo. Caes dónde caes y te crees, al menos durante un tiempo, que a veces es bastante largo, lo que te enseñan y te cuentan, ya que, como escribió el poeta, la cuna del hombre la mecen con cuentos. Con cuentos en el sentido peyorativo de la palabra, claro, cuentos chinos, cuentos de Calleja.

Uno de los personajes de El camino, esa tendera rancia, de conciencia escrupulosa, se acusa cuando no sabe de qué acusarse, en el confesionario, de que si hubiese nacido en Inglaterra sería protestante, ya que el cura le confirma que de haber nacido allí posiblemente su religión fuese aquella. Parece una anécdota banal pero a mi me parece de una gran profundidad, hay quién cree que nunca hubiese sido nazi, a pesar de vivir en el nazismo, pero la historia más bien demuestra lo contrario e incluso evidencia que es relativamente habitual convertirse a la religión de los que mandan, sobre todo cuando la conversión nos procura beneficios evidentes, aunque perjudique a otros. 


domingo, 15 de enero de 2017

CANTANDO Y BAILANDO, ENTRE ESTRELLAS Y ESPERANZAS JUVENILES

Resultat d'imatges de LA LA LAND

No he podido evitar ir pronto a ver La, la, land, por curiosidad malsana y porque mucha gente me la comentará estos días. Ya iba con cierta prevención. Ryan Gosling me gusta o me gustaba, aunque depende de los papeles que le dan, a veces se pasa con los mohines y esa moda de que el chico lleve un mechón de pelo grasiento delante de los ojos me pone nerviosa, lo siento, me dan ganas de sacarme un clip del bolsillo y recogerle la greña. Hace unos días me pasó lo mismo con el protagonista de Franz, antes eran las damas quienes se complacían en eso del pelo desgreñado pero parece que las tendencias contribuyen a esos despeinados intencionados de los galanes de nuestro tiempo.

De la protagonista, Emma Stone, sabía poca cosa. Tiene a su favor el aspecto de chica corrente con grandes ojazos. Lleva unos vestidos muy bonitos y no repite ninguno, que yo recuerde. Quizás a partir de la película vivamos una primavera con un retorno a aquella moda que potenciaba los colores del parchís, no sé si se acuerdan. Stone y Gosling bailan y cantan de forma relativamente aceptable, pero no son ni Ginger Rogers ni Fred Astaire. Antes se solía doblar a los cantantes, admito que eso hacía perder veracidad al conjunto y a veces no tenía explicación, Audrey Hepburn cantaba bastante bien y tuvo un disgusto cuando la doblaron en My Fair Lady. 
Resultat d'imatges de LA LA LAND
Ya había sido injusto prescindir en la versión cinematógrafica de Julie Andrews, quién cantaba de maravilla y que había triunfado en el teatro con la obra. A Audrey Hepburn había la manía recurrente de aparejarla con viejecitos, quizás por eso cuando en Dos en la carretera la aparejaron con uno de joven, Finney, no pudo evitar iniciar un romance con él, cosa que hizo enfadar mucho a su marido de entonces, Mel Ferrer.

Volviendo a La, la, land no le negaré méritos. Buena fotografía, buena ambientación, buena música, aunque no sea West Side Story, guiños  cinematográficos diversos, homenajes a los grandes de antaño, amor fino y elegante, sin ese sexo gratuito y explícito que nos emiten incluso en los telefilmes de sobremesa. Qué bonita esa escena del cine, cuando se tocan los deditos con emoción... 

Ese romanticismo se agradece pero algo no acaba de ser redondo, es algo relativo al guión, poco consistente. Se evita un final feliz de forma algo brusca, hoy parece que los finales felices son vulgares y deben ser evitados aunque sean, incluso, absolutamente coherentes con la historia. Ese final se ha visto como un mérito, yo no lo veo así, sobre todo porque esa elipsis de cinco años, precisamente cuando las cosas empiezan a irles bien a la parejita, está  algo introducida con calzador.
Resultat d'imatges de ryan gosling la la land
Claro que el director ha sido valiente, demostrando que en eso del musical quedan un montón de cosas por inventar y reinventar. Claro que yo ya soy un poco viejecita y me cuesta entusiasmarme, tenía unas chicas al lado que flipaban con la historia y salieron muy contentas. El cine estaba lleno del todo y hoy hace ilusión entrar en una sala de cine llena y no casi vacía, como esa en la cual la pareja ve Rebelde sin causa, del sobrevalorado, a mi entender, James Dean. No puedo decir que no pasase un buen rato, aunque el metraje, considerando la poca historia que se cuenta, me pareció excesivo. Dicen que tendrá muchos premios, ya los ha tenido. Veremos qué pasa en los óscars, aunque todo eso de los premios es relativo y el tiempo dirá. Una película que odié durante años, Grease, ahora me hace incluso cierta gracia cuando la vuelvo a contemplar, por la tele. 

Creo que la pareja protagonista debía haber unido esfuerzos y alternar el jazz, en esa sala recuperada, con teatro de cabaret o algo así. El director, Damien Chazelle, es muy joven todavía, un gran amante de la música y nos puede dar muchas sorpresas. Y sobre el final, al menos el pianista tiene su local y no es el viejo perdedor decadente de la novela de Vázquez Montalbán o de la canción de Billy Joel. Parece que los pianistas de ficción sufren mucho, en general, y viven atormentados. Intuímos que la chica, más o menos, es moderadamente feliz con su bebé, pero el pianista friéndose croquetas en soledad da mucha pena, aunque sea Gosling. O precisamente por eso.

domingo, 1 de enero de 2017

INTERIORES CON FIGURAS

Resultat d'imatges de gent dormint a terra a barcelona

Fotografia de Carlos Montañés, publicada en El Periódico

Una persona de mi entorno ha pasado por París hace pocos días, de camino a Praga, para visitar a su hija, que hace allí un Erasmus. No era la primera vez que estaba en la mítica ciudad pero me cuenta, conmovida, que ha visto familias enteras, con niños muy pequeños, durmiendo en la calle. París es una ciudad en la cual, en invierno, hace un frío que pela, inimaginable para los barceloneses, acostumbrados a la benignidad de la costa mediterránea. 

Mi percepción, que puede ser errónea, me dice que la gente que duerme en la calle se ha multiplicado, al menos en Barcelona. No todos son inmigrantes, hay gente del país, mucha. Hace años que vemos personas durmiendo en los cajeros de las entidades de crédito, hombres en una gran mayoría, aunque también hay algunas mujeres y fue una mujer la víctima de aquella gamberrada mortal perpetrada por un par de chicos de bona casa, hace años. Uno de ellos ha salido hace poco por la televisión y dice que está arrepentido. No entiendo la necesidad de manifestar de forma mediática esos arrepentimientos, valdría más que se dedicase, si la conversión es real, a trabajar por los marginados todo el resto de su vida, en silencio y de forma discreta, puede que lo haga, no lo sé.

Hay grupos de gente extranjera que van de un lado a otro, bebiendo y trasladando su inquietante suciedad por plazas y cajeros. Hace algún tiempo asistí a una charla muy interesante por parte de esa admirable gente de Arrels, nos contaron que eran gente de los países del Este, tan maltratados por guerras diversas y que desde hace décades generan víctimas desarraigadas y apátridas. 

En mi barrio hay una tienda de productos cárnicos que en su exterior tenía una especie de saliente en el cual se instalaban esas personas, bebían, comían, incluso copulaban allí. Ahora han puesto una reja que hace imposible el estacionamiento, no es extraño, ya que la situación, denunciada por los vecinos, parecía no poderse arreglar de ninguna otra manera. Y, de hecho, el ayuntamiento debe ser impotente ante esos casos, esa gente no ha desaparecido, se ha  instalado en plazas cercanas donde ahora es, incluso, bastante más visible que antes.

Hace algún tiempo había sucursales de La Caixa por todas partes. Hoy hay muchas menos, también se han reducido los cajeros automáticos y algunos no funcionan o se encuentran en un estado lamentable. Cada vez lo pagamos todo más a menudo con tarjetas, en el fondo se busca eso y reducir a casi nada el número de trabajadores, pero todavía hay mucha gente que prefiere el dinero constante y sonante. 

En esas vigilias de fiesta, además, parece que las oficinas, en general, cierran, aunque sean todavía esos, días laborables. En busca de efectivo me acerqué ayer a una oficina cercana, la puerta estaba cerrada, no se podía entrar, me temo que para evitar que esos marginados nómadas se instalasen en aquel espacio. Sólo había un cajero exterior, con una cola enorme esperando.

Me dirigí a otra oficina, una de muy grande, en la cual siempre suele haber gente sacando dinero y que cuenta con unos cuantos cajeros automáticos. Había cola también allí pero me esperé. En el interior había dos personas pernoctando, una de ellas incluso se había construído una especie de biombo de cartón, el hedor era insoportable pero hay pocas cosas insoportables en este mundo. 

En uno de los cajeros no se podia ingresar dinero, otro no funcionaba con la tarjeta y otro más estaba fuera de servicio. Una mujer me comentó que venía de otro cajero, cercano a su casa, en el cual no se había atrevido a entrar ya que dentro había un móntón de gente marginal durmiendo y nadie sacando dinero y que para entrar habría hecho falta pasar por encima de los residentes espontáneos. 

El centro de Barcelona, a determinadas horas, se llena de pedigüeños que parecen salidos de las novelas de Galdós o de las narraciones de la picaresca hispánica, jorobados,gente sin piernas, sin brazos, exhibiendo sus interioridades en pleno invierno, algunos parecen de plantilla, tienen su lugar y su horario. 

También a las puertas de los supermercados se instalan a menudo personas fijas que piden limosna o gente no tan fija, más intermitente. Por suerte ahora nadie pide con niños a cuestas, hace años el ayuntamiento, no sé como, consiguió acabar con aquella imagen triste y decadente. A determinadas horas se instala esa mendicidad en lugares como las escaleras de la Catedral, hay muchas mujeres, descalzas, vestidas de negro, con un bote en la mano. 

Lo peor es que nos hemos acostumbrado a todo eso. Hace años se podían ver fotos de las playas de Canarias en las cuales los turistas se bañaban o tomaban el sol mientras que a unos metros recogían algunos cadáveres de ahogados, fugitivos de miserias y guerras que nos son desconocidas y que los medios de comunicación nos cuentan poco y mal. 

La gente tiene, tenemos, mala conciencia, y sea o no picaresca lo que mueve la mendicidad moderna, de vez en cuando damos algo a esos mendigos del presente, por si acaso. Por eso tienen éxito esas maratones benéficas, esas recogidas de alimentos tan inútiles y absurdas, ligadas a la época navideña, parece que hacemos algo aunque no se haga nada o se haga poca cosa. 

Eso de las familias, supongo que de refugiados, malviviendo en París, me ha recordado aquel antiguo chiste, creo que de Chumy Chúmez, en el cual un pobre manifestaba que tenía ganas de irse al sur para no pasar más que hambre. Y es que pasar hambre y frío debe de ser horrible. Nuestros padres y abuelos pasaron eso y más pero parecía que todo iba a mejorar, aunque lo hizo a trancas y barrancas.

Durante mi infancia, en casa, a veces alababan la Barcelona de entonces, la del porciolismo, porque no se veian mendigos. No es que no existiesen, los había y a montones, pero los ocultaban o los mantenían alejados de los centros turísticos, aunque no tan turísticos como los actuales. Y es que en todo funciona aquella de ojos que no ven, corazón que no siente. Y ante la imposibilidad de arreglar nada o casi nada preferiríamos no saber. 

Sobre eso de la gente viviendo en la calle se habla de vez en cuando, según dicen no se les puede obligar a nada, la gran mayoría no son violentos ni se meten con nadie. Nos molesta su visión, su olor, su desarraigo y nos molesta nuestra propia impotencia y la de los poderes públicos ante esas situaciones que no entendemos y que son tan graves. No entiendo que ese turismo en alza no boicotee esas ciudades escaparate de nuestro presente y que continue esa feria absurda del consumo cultural a todo gas.

No sé ve y no se quiere ver. En todo caso, no nos engañemos, esos marginales no durarían mucho en lugares como el portal de la Sagrada Família o del Museo Picasso, por ejemplo. Se toleran en los barrios tolerantes, modestos, donde la gente de a pie también los tolera e incluso los respeta, aunque le molesten. Y, de forma puntual, en los portales de algunas iglesias, incluso de la Catedral. Un antiguo cuadro nos muestra el portal de la Sagrada Familia, en construcción, dando acogida a un montón de marginados de otra época. Es un cuadro de la época joven del gran Mir, muy conocido, La catedral dels pobres.



Tot es un cuento, repetian mis mayores a veces, ante las proclamas políticas o las propagandas vanidosa sobre lo que fuese.  Tenemos suerte si contamos con seguridad, ingresos suficientes, un techo, un espacio de referencia. Sin embargo la suerte está ligada al azar, al caos, a la casualidad. No nos la hemos merecido. Tampoco nos merecemos a los que mandan, aunque una conocida frase sobre el tema nos lo repita de vez en cuando. Sé que existe mucha gente preocupada por esas cosas que trabaja en la sombra, sin hacer ruido, con constancia y dedicación, incluso aunque consiga poca cosa. 

Sin embargo parece que hay miserias que no tienen solución, aunque los pobres de hoy no sean los de ayer, al menos, no siempre. De vez en cuando los ayuntamientos hacen algo y lo publicitan, claro. Pero me  temo que esos problemas no forman parte de las grandes prioridades de la política que nos ahoga. Eso sí, los intentos actuales incluso tienen nombre en inglés, housing first. Qué mundo, Facundo. Y es que si incluso pasa en París...

miércoles, 14 de diciembre de 2016

TRAMPOSOS, CARNAVALES Y PÍCAROS

Resultat d'imatges de los tramposos cine

Recueraba estos días una película de mi infancia con la cual nos reímos mucho, Los tramposos. Hoy algunas de sus escenas parecerían políticamente incorrectas, todo ha cambiado y nosotros, más. Sin embargo lo que no ha cambiado es la picaresca y la capacidad de la gente para engañar y dejarse engañar. A veces el engaño castiga al malo, como en el caso de ese timo famoso de la estampita, que se refleja en la película. Otras veces el engaño castiga a la gente de buena fe, de lágrima fácil y corazón tierno, impotente ante las muchas injusticias y desgracias que afligen al mundo y que desea hacer algo bueno.

Estos días ha aflorado el caso de un padre estafador, que recogió un montón de dinero publicitando la enfermedad de su hija y pidiendo dinero para hacerle un tratamiento en el extranjero. Eso de los tratamientos caros en el extranjero, sobretodo en los Estados Unidos, es un clásico, sólo que hoy la medicina ha evolucionado y la mayoría de veces los tratamientos se pueden hacer por aquí. Un libro que llegó a ser un best seller infantil en catalán, El zoo de Pitus, jugaba con esos buenos sentimientos y con eso de tener que hacer un tratamiento médico no sé dónde. 

Algunos medios periodísticos se hicieron eco de ese caso de la niña enferma y de la solidaridad de los habitantes del pueblo de la familia y de los de alrededor. Cierto que la gente fue crédula pero a menudo se tiene una fe excesiva en los que pertenecen a la profesión periodística, en la cual hay de todo, como en todas las profesiones, aunque existe un corporativismo inquietante cuando se detectan errores de bulto. Pocas veces los de una profesión de prestigio admiten  errores y todos sabemos casos en los cuales, por ejemplo, un médico te admite en privado el error de un colega pero te advierte de qué no lo dirá en público por razones obvias que a menudo no son tan obvias. 

Cuando un caso de esos lacrimógenos sale por la tele, tiene un plus añadido, sobre todo si es en un programa supuestamente serio. Hoy el caso del progenitor aprovechado y la niña enferma se ha destapado, está en los tribunales y ahí debería terminar el tema para el gran público, pero cada día nos machacan con más detalles sobre el padre, la madre, la niña y el dinero estafado, esos detalles no atañen demasiado a aquellos que nos vendieron el tema y que son los mismos que hoy nos cuentan a bombo y platillo las miserias internas de la familia estafadora. 

Hace años recuerdo que eran frecuentes programas a los cuales se llevaba a presos supuestamente rehabilitados, uno de esos presos mediáticos se quejaba casi llorando de qué no encontraba trabajo, le llovieron ofertas y se supo, de forma algo vergonzante, que volvió a delinquier en el puesto de trabajo que se le había ofrecido. Los presos rehabilitados de verdad no suelen ir a esos programas, intentan hacer su vida con discreción.

Por el país nos pasearon durante años a un señor que representaba a una asociación de supervivientes de los campos de exterminio. Resultó que el señor no habia estado nunca allí y lo peor es que mucha gente importante lo sabía y permitía aquello para no desestabilizar a la asociación. Incluso se criticó al primero que puso en duda la historia que aquel señor contaba porque no era catalán, y es que caemos en cosas tan ridículas que no vale la pena ni comentarlas. 

Los perodistas, algunos, pueden informar mal y engañar y pueden no citar sus fuentes, pero si tú dices algo sobre los periodistas sin citar tus fuentes, los de la profesión se ponen nerviosos. No quiero generalizar, ya que hay muchos periodistas honrados y un gran número de jóvenes periodistas en paro o trabajando con contratos basura bastante lamentables, todo un tema que merecería una denuncia seria por parte de la misma profesión si no fuese porque arriesgarse es peligroso, en una época en la cual los grandes grupos remenen les cireres. 

La Navidad es una época en la cual no nos hemos librado del recurso a la lagrimita y a la solidaridad mal entendida. Lo siento, pero odio esas parafernalias de las maratones y de la recogida de alimentos, creo que todo debería solucionarse de otro modo, con ingresos de dinero habituales, com impuestos dedicados al tema, de forma anónima y sin tanta tontería, y sobre todo, sin espectáculo. Me parece toda esa solidaridad navideña de otra época, de la de aquel monumento de película que es Plácido. Nos educan sentimentalmente a base de eso de la lagrimita y luego sale un aprovechado y nos engaña con mucha facilidad. 

Hay quién tiene confianza en la gente a causa de la impresión que le produce, de forma absolutamente subjetiva. El aspecto físico y el carisma personal tienen un gran peso en esas valoraciones. Por ejemplo, es habitual una excesiva valoración sobre la sinceridad de las personas que te miran a los ojos. Hace algún tiempo escuché el testimonio de un periodista sobre un político, hoy caído en desgracia, pero al cual en sus buenos tiempos bailaban el agua muchos tiburones de los medios de comunicación. Contaba el periodista que el político le confesó en privado que una de sus estrategias era eso de mirar a los ojos cuando decía algo que, obviamente, no era verdad o era una media verdad. El periodista, una persona con años y experiencia, podía habernos prevenido sobre el político en su época de esplendor y no cuando se había puesto en evidencia que eso de las miradas convincentes era, a menudo, puro teatro. 

Claro que hay políticos honrados que son malos políticos y políticos corruptos que funcionan, de la misma manera que hay buenos mecánicos de coche que pueden ser malas personas pero eso no justifica que les riamos las gracias y que no aspiremos a encontrar un buen mecánico honrado.
Resultat d'imatges de el gran carnaval cine
Ahora que la filmoteca ofrece un ciclo sobre el centenario Kirk Douglas se podrá ver esa película emblemática, como tantas en las cuales trabajó el actor, El gran carnaval, y es que eso de todo por la audiencia al precio que sea viene de lejos. La picaresca se mueve a todos los niveles, desde los más humildes y marginales hasta los más elevados, por encima de personas que parecen libres de toda sospecha hasta que las sospechas se convierten en evidencias y, lo peor de todo, sabemos que no sólo nos engañó el estafador sino también ese inquietante enterado de prestigio que ya sabía qué pasaba y que despues presume de haberlo sabido.

Un poco como esas mujeres burladas por su pareja a las cuales, una vez separadas del adúltero, mucha gente del entorno confiesa que ya lo había visto por ahí con la otra en más de una ocasión, y a las cuales afecta más la traición de las amigas informadas que la infidelidad, ya que encima de engañada, pareces tonta. Y muchas veces el ridículo és más doloroso que el engaño.


lunes, 5 de diciembre de 2016

ESE AZAR QUE NOS MANIPULA

Resultat d'imatges de elecciones en austria


Conozco buena gente que estaba muy preocupada, estos días, por si en Austria llegaba al poder, o a eso que se llama poder, la extrema derecha. No ha sido así, de momento, pero que duda cabe de qué esa extrema derecha que parecía una reliquia, que incluso intentaba no parecer lo que era y hacía extrañas concesiones populares, cada vez resulta más descarada, evidente y atractiva para mucha gente que se ha desengañado de una izquierda obsoleta e inoperante, que se está reinventando sin conseguirlo.

Nos preocupa el futuro europeo, el de la sociedad del bienestar, aunque por muy mal que nos vayan las cosas, de momento nuestra inquietud y nuestras penas tienen poc a ver con las de tantos otros, refugiados, víctimas de las guerra, niños explotados aquí y allí, lejos, sí, pero a pocas horas de avión. La extrema derecha tiene futuro porque incide en nuestra situación individual, uno de los libros más lúcidos sobre el nazismo, Observaciones sobre Hitler, no lo escribió un historiador sino un periodista, Haffner. Hitler llegó al poder porque, de entrada, solucionó o pareció que solucionaba el problema inmediato del pueblo, la pobreza y la falta de perspectivas. Luego todo fue a peor, pero eso suele suceder con los cambios y no tan sólo con los de derechas. El poder tiende a abusar y por eso todavía el sistema tradicional de democracia europea es el menor de los males.

A todo eso le podemos sumar resquicios ancestrales, prejuicios vigentes aunque disimulados o dormidos pero a punto para poder despertar cuando haga falta. Leí y comenté en una web literaria, hace algún tiempo, El lado vacío del corazón, de Erich Hackl. Es uno de esos libros del presente en los cuales se presentan en forma de novela casos basados en testimonios reales. 

El libro incide en muchos temas pero lo que más me inquietó es el hecho de que un nieto de los protagonistas padeció acoso laboral insistente y cruel, en Austria, a causa de una suposición, le creyeron judío. No lo era pero había confiado a un compañero del trabajo la muerte de su abuela en un campo de exterminio nazi. Su abuela, una víctima inocente como tantas otras, fue a parar allí a causa de la militancia comunista de su marido, mientras que el marido consiguió escapar a la persecución e incluso volvió a formar otra familia, con el tiempo. La vida, en ocasiones, es absolutamente injusta. Ese acoso laboral que el libroe nos narra no sucedió en el pasado sino a mediados de los noventa. 

La gente humilde de nuestras barriadas suburbiales convive, de momento en paz, con todo ese gran volumen de immigración de todo el mundo. A veces debemos reflexionar sobre lo que funciona bien y creo que esa situación, de momento, se sortea en nuestro país de forma bastante positiva, gracias a las escuelas públicas y a los buenos sentimientos de mucha gente humilde, incluso aunque se escuchen barbaridades de vez en cuando, de forma inevitable. Las clases medias llevan a sus hijos a colegios dónde los forasteros son minoría privilegiada y aún así a veces incluso presumen de llevarlos a escuelas públicas. La escuela la determina el barrio, más allá de su filiación de pública o privada, sobre la cual cierta izquierda hace a menudo populismo barato.

Sin embargo existen barrios conflictivos y gente conflictiva, que duda cabe. Ya existían cuando no había esa immigración sinó sólo la interior y tan sólo hace falta darse una vuelta por eso que se llamó cine quinqui. El buenismo de eso que todavía insiste en autollamarse izquierda nos recuerda que no debemos ser racistas ni nada de eso, claro, y disfruta organizando encuentros multiculturales muy bonitos. Me ha llegado una propuesta navideña de algunas escuelas públicas sobre el tema de las migraciones, como siempre la cosa va de pintar palomitas y hablar a niños demasiado pequeños de cosas que no pueden entender. Tenemos mala conciencia de vez en cuando y hay que hacer alguna tontería de ese tipo para poder pensar que hacemos algo. Cuando trabajaba en la escuela participé en movidas parecidas a favor de la paz, en contra de la guerra de aquí o de la guerra de allá. Como los sindicatos eran bastante antiamericanos siempre tenían más éxito las propuestas en contra de guerras en las cuales estaban implicados ellos. 

Una tendencia vigente desde los tiempos del pecado original consiste en culparnos a nivel individual de lo que sea y en insistir en qué a nivel individual se puede cambiar todo. Incluso nuestra salud depende, en teoría, de nuestras opciones personales. La realidad es tozuda y nos demuestra que todo se nos escapa como agua en un cesto, en nuestra vida personal y en la colectiva. No hay dioses que muevan el mundo a su antojo, ni siquiera los grandes grupos de poder pueden con todo. En el transcurso de la historia han sucedido cosas absolutamente imprevisibles. Cuatro días antes del estallido de la primera guerra mundial se escribían artículos de expertos insistiendo en qué tal como iba el comercio y la economía era imposible un disparate como aquel. Incluso en nuestro país nadie creyó antes de que la guerra civil fuese a durar tres largos años, con el añadido de los cuarenta más de franquismo. Por eso es tan habitual jugar con fuego.

La vida es demasiado corta para tener una perspectiva real del mundo y de la gente y después los libros de historia interpretan los hechos según ideologías del presente e intereses diversos. Cuando las cosas van bien es muy humano sentirse orgulloso. Todavía hay quién me insiste en tonterías como eso de qué los hijos salen como salen a causa del peso familiar. En mis largos años en la escuela he visto de todo, familias horribles, crueles o ignorantes con hijos estupendos y buena gente con mala suerte, hijos con mal carácter o que han tirado por el mal camino. Cuando las cosas van mal la culpa es externa, tus padres no te ayudaron, tuviste malos maestros, el gobierno era facha. 

Sin duda todo pesa en nuestra vida pero un montón de cosas dependen del azar, del momento, de la casualidad. No somos para nada, o muy poco, dueños de nuestro destino. Puedo cuidarme mucho la salud, salir a la calle, darme un mal golpe y quedarme tetraplégica, por ejemplo. Ante eso existe otro tipo de reacción colectiva destinada a vendernos el espejismo de la superación, aunque tengas problemas graves o noventa años puedes hacer deporte, estudiar, o practicar sexo, que para eso se genera una industria oportunista que nos vende vitaminas, lubricantes e implantes dentales.

En su poema más famoso Gil de Biedma, un personaje a mi entender sobrevalorado en muchos aspectos, dice aquello tan repetido de que la vida pasa, la verdad asoma y envejecer y morir es el único argumento de la obra. Claro que unos envejecen y mueren en la miseria y otros en la abundancia y en un buen hospital o residencia y no es lo mismo. A nivel colectivo los países felices y con suerte, puede ser que gracias a una determinada situación geografica, se sienten orgullosos de su nivel de vida, claro, parece que ese mérito colectivo se puede trasladar a un nivel individual, se lo han ganado. Con esa idea se acuñó esa frase de qué los países tienen el gobierno que merecen. Eso sería cómo decir que tuvimos la familia que merecíamos, los hijos que merecíamos, pero no es así y creerlo nos ahoga en una especie de culpa, de inquietante pecado original y acabamos por cargar con ese peso absurdo.

Claro que tenemos responsabilidades pero también cuenta en nosotros el azar genético, el azar circunstancial. Un actor, un escritor, un cantante, un loquesea, tienen éxito si están en el momento oportuno en el lugar adecuado, si por casualidad conocen a gente que los puede promocionar, pero el éxito y el fracaso estàn magnificados y queda muy bien aquello de qué lucharon mucho para conseguir nosequé. No desprecio el esfuerzo personal pero no hay que poner en él excesivas expectativas, hay personas que han luchado mucho y han conseguido poco o nada y gente que ha nacido con suerte, con la flor al cul, como decían en mi casa, en catalán.  

A nadie, al nacer, le preguntan dónde quiere hacerlo, qué lengua quiere hablar, en qué familia quiere caer. Por eso sentirse orgullosos de una familia, de un país, de una lengua, de un pueblecito, no tiene mucho mérito y tampoco tiene sentido. Sin embargo, resulta inevitable contar con esos lazos afectivos y sentirnos implicados en ese contexto próximo, que a veces se hace extensivo a algo más. Pero esos afectos llevados al límite nos pueden convertir incluso en fascistas, cuando lo nuestro olvida lo suyo. Fascistas subliminales, claro. Tampoco todos los fascistas subliminales son iguales, los hay que lúcidamente son conscientes de ese fondo no deseado e intentan que no aflore de ninguna manera, movido por propagandas brillantes y atractivas. 

Las soluciones serias a los problemas del mundo no existen, aunque tengo la sensación, quizás subjectiva, de que a trancas y barrancas algo hemos avanzado, al menos en teoría. O quizás es que estoy en mi casa, calentita, con la estufa al lado, convencionalmente feliz y no quiero pensar demasiado en problemas para los cuales no tengo solución, en tanta gente que ahora mismo, sin comerlo ni beberlo, anda por esos caminos del planeta buscando amparo y refugio, con sus niños a cuestas, sin perspectiva ni futuro. Un personaje del pasado lúcido, brillante, algo cínico y poco conocido en profundidad, Santiago Rusiñol, escribió que para salvar a un amigo nos importaría poco que muriesen un montón de chinos desconocidos. Lo mismo le pasaría a un chino con su amigo, respecto a nosotros. Somos humanos y en eso reside nuestra grandeza, nuestra miseria y nuestra fragilidad.