lunes, 21 de mayo de 2018

LAS CASAS DE LOS FAMOSOS DE IZQUIERDAS



Resultat d'imatges de chalet de iglesias y montero


Esa historia de la casita de Iglesias y Montero me pilla en plena lectura de un libro imprescindible en l'actualidad, La revolución divertida, de Ramón González Férriz (Debate, 2012). En la introducción el autor escribe:


Parece inevitable que toda persona de izquierdas que guste del poder -no sólo político, sino también periodístico, editorial o artístico- tenga que responder en un momento u otro de su vida a la pregunta de cómo conjuga sus ideas políticas radicales con su confort personal.

La incoherencia vital no se da sólo en gente de izquierdas, la misma religión cristiana predica, en teoría, pobreza y austeridad y la realidad, con pocas excepciones, ha sido otra cosa durante siglos. Jordi Pujol se supone que era de derechas -hoy los límites entre derecha e izquierda, más allá de los extremos radicales, son difusos- pero predicaba valores. Por eso sus pecados económicos nos han herido más que los de otros políticos.
Resultat d'imatges de la revolución divertida
Un piso en mi barrio, Poble-sec, un barrio más bien modesto y trabajador de Barcelona, con una terraza, de nueva construcción, se va a los cuatrocientos mil euros, si es un ático puede llegar a un precio más alto que la casita de la pareja, con eso de la gentrificación y el turismo desbordado. Me imagino que en Madrid deben ir las cosas más o menos como en Barcelona, por lo que respecta al precio de los pisos. Si esa parejita emblemática en espera de mellizos se hubises comprado un buen pisito en un barrio medio madrileño posiblemente no habría levantado la inversión tanta polvareda. Pero, ay, un chalet tiene un valor añadido, claro.

Una cosa es comprar y otra, heredar. Hace algún tiempo se metieron con Benet Salellas, de la CUP, porque tenía varias casas y, como suele suceder, el chico se molestó, su familia las había conseguido con el sudor de su frente. Un repaso por el patrimonio inmobiliario de derecha e izquierda nos produciría algunas sorpresas. En el programa El convidat, de TV3, pudimos ver cómo vivían de bien algunos personajes progres pero nada pareció digno de protestas condenatorias. Si la casa es del patrimonio heredado no inquieta tanto como cuando se compra en directo. Por eso Pujol se excusó con qué el dinero venía de la herencia de su padre, vaya.

Hay algo que nos molesta mucho a la gente y nos hace poner a la defensiva, es cuando se nos enfrenta con nuestras propias contradicciones. Eso atañe, sobre todo, a los predicadores, si no te has quejado ni has condenado a los perversos es más difícil que se metan contigo, claro. Y sucede a muchos niveles, por ejemplo, se defiende la escuela pública, se ataca de mala manera la concertada y luego se lleva a los niños a una de lo más elitistas de la ciudad o de fuera. Tienes muchos disgustos a lo largo de la vida, hace años supe que una pesuquera de culto, con un cargo en el ayuntamiento y muy visceral en sus condenas a la oposición, era de muy buena familia e iba al Liceo envuelta en pieles, cuando al Liceo se iba con las pieles, eso también ha cambiado, vaya. Y es que además de vivir bien, cierta izquierda, no disimula demasiado, la verdad.

Esas cosas pasan, somos humanos y humanas. Se atacan los enchufes hasta que se puede colocar al niño en un buen empleo gracias a los padrinos. En general, cuando te atacan te sales por la tangente, se ataca al contrario o se minimiza el pecado cometido. Es aquello de la paja en el ojo ajeno o de que, como decimos en catalán, cap geperut es veu el gep.

Albano Dante-Fachín, una persona con la cual se puede o no estar de acuerdo, pero que es, de momento,  de lo más lúcido, inteligente y coherente que tenemos por aquí escribió un twitter sobre el tema de la consulta a las bases sobre lo del chalet, que puede servir para hacer memoria a los olvidadizos de los temas verdaderamente importantes que pasar desapercibidos o casi:

Espero que la consulta de Irene y Pablo a las bases sea TRANSPARENTE y con posibilidad de AUDITORÍA y no como la consulta que se hizo para legitimar la destitución de la dirección catalana de Podem desde Madrid. Sin transparencia y sin auditoría. Salud.

Los comunistas de antaño, cuando les recriminabas que vivían muy bien -algunos- te argumentaban que luchaban para que todo el mundo tuviese lo necesario, lo que tenían ellos, se supone. En una ocasión, hace muchos años, una compañera de escuela, comunista de café, me contó que había ido a silbar a los convergentes que estaban podridos de dinero. A la que habían ido a silbar a lo bruto era a mi admirada profesora de Matemáticas de la Normal, María Rúbies, a la que su mismo partido dio muchos disgustos y que nos daba clases extras de forma voluntaria los sábados, incluso.

Le quise razonar que en el PSUC y en muchos partidos de izquierda había gente con bastante más dinerito que la profesora convergente. Y que eso era peor, pues ya sabemos que la derecha es mala y rica pero la izquierda debería ser buena, pobre y austera, vaya. Pero no me hizo caso ni me escuchó. Movernos en esquemas predeterminados parece que produce seguridad vital. Un caso de manual es el de esos cantantes que van de progresistas y que en los recitales, cobrados en oro, hablan de los problemas sociales e incluso, de vez en cuando, dedican algunos ingresos a los niños hambrientos del mundo pobre. Recogen un montón de aplausos, ya pasaba con los Beatles.

En fin, váyanse esa pareja a su torrecita en paz, que crien a sus niños en un sitio bonito y aireado, aunque me temo que eso de las urbanizaciones es una trampa rural que provoca muchos gastos en transporte y en construcción de carreteras secundarias, y que se deje en paz la vida privada de la gente, siempre, eso sí, que se paguen las casitas con su dinero, ganado, se supone, honradamente. Pero somos así, inquieta más que a la señora Cifuentes la pillasen con la crema que no los muchos casos de corrupción pepera, comprobados y poco aireados, considerando la gravedad del tema.

Mi barrio, Poble-sec, està hoy un poco de moda. Hace unos días me hizo unas preguntas sobre él una periodista de una tele local, me contó que unos amigos suyos vivieron en mi barrio hasta que tuvieron hijos y hubo que pensar en la escuela. Le argumenté que las escuelas de mi barrio, si lo sabré yo, están bastante bien. Me dijo que quizás ahora sí pero antes no, en fin, no sabía qué decirme. En el fondo, más de lo mismo, es bonito ser de izquierdas en teoría y andar por los barrios con sabor, pero a la hora de la verdad, queremos escuelas sin gente de fuera y de esas que venden humo pedagógico a las clases medias con aspiraciones. Los niños nos sirven de excusa casi para todo.


miércoles, 16 de mayo de 2018

CUANDO VENEZUELA ERA UNA POSIBILIDAD

Resultat d'imatges de pasaje a venezuela cine

En una asociación de mi barrio, la Bibliomusicineteca, entre otras actividades ofrecen un pase de cine cada lunes. Voy cuando puedo, las películas siempre tienen interés, son títulos antiguos o actuales, pero alejados de los circuitos habituales. El pasado lunes vi  allí Pasaje a Venezuela, no la había visto nunca o no la recordaba, aunque parece ser que en el ciclo de cine rodado en Barcelona, que ofrece BTV, la habían proyectado en alguna ocasión. Es  de la factoría Iquino, los estudios Iquino, en el Paralelo, eran un lugar mítico y los niños íbamos a menudo a curiosear por su entorno, se veían fotos de los rodajes y, en alguna ocasión, actores de batalla, que tomaban algo en los bares próximos. 

La película se estrenó en el año 1957. Uno de sus valores añadidos con el tiempo es la visión de aquella remota Barcelona, con pocos coches y paisajes urbanos que ya son irrecuperables. El Rompeolas, las Golondrinas, el puerto pesquero y las subastas del pescado. Hoy el puerto pesquero se encuentra en grave peligro de extinción, ahogado entre esos yates de lujo que han ocupado una gran parte del mar barcelonés y muchos espacios de paseo habitual. La película nos muestra exteriores y interiores modestos y humildes pero no miserables, que también los había, y que forman parte de la ambientación de otros títulos más o menos de la época, como Hay un camino a la derecha (1953). 

La historia es sencilla pero bien contada, no cae nunca en la cursilada, se beneficía del guión y dirección de alguien con tanto oficio como Rafael J. Salvia. En el guión colaboraron otros profesionales como Fernando Merelo  y Ricardo Toledo. Salvia había nacido en Tortosa, murió en Madrid, relativamente joven, con sesenta y un años, en 1976. Hizo de todo, lo mismo que tantos otros de la época, mucho cine alimenticio ligado a eso que llamaron landismo y españolada pero también cosas interesantes y comerciales, como Las chicas de la Cruz Roja, un gran éxito de la época que modernizaba la comedia romántica hispánica. Y también dirigió un título emblemático, El Judas, una película por la que tengo devoción incondicional.

La chica era una francesa, Simone Bach, que se retiró pronto del cine. El chico era José Luis Ozores, en un papel de galán humilde y trabajador. José Luis Ozores murió de forma prematura, a causa de la esclerosis múltiple, con cuarenta y cinco años. Pertenecía a una familia de actores, trabajó mucho y muy bien, considerando la enfermedad que tenía y las posibilidades que en aquellos años ofrecía el cine español. En la escuela nos pasaron más de una vez Recluta con niño. El niño era Miguelito Gil, no sé qué fue de él después de las cuatro películas en las que intervino. También salía en Un traje blanco, otro título que pude ver en la escuela y con el cual lloramos a moco tendido. La familia Ozores continúa generando gente de cine, Adriana Ozores, hija de José Luis, me parece una actriz de una gran categoría a la que no siempre aprovechan como sería deseable.

Era una época de excesos sentimentales y de humor español de ese que hoy nos parece tan rancio. Por eso Pasaje a Venezuela sorprende por su austeridad y moderación. La trama es sencilla, Andrés, el protagonista, que vive con su padre, su hermana, su cuñado y su sobrino pequeño, trabaja en un banco de la época, gana poco y su sueño es emigrar a Venezuela. En aquellos años emigraron a aquel país miles de españoles pero también italianos y europeos en general. Quién más quién menos conocía a alguien que tenía familiares por allí o en la Argentina. Hoy Venezuela, por desgracia, es otra cosa, el mundo da muchas vueltas. Marchaba gente muy pobre, sin recursos, pero también personas con algunos ahorros, para invertirlos en pequeños negocios.

El protagonista quiere conseguir una excedencia en su trabajo, en aquella época se ganaba muy poco en esas oficinas. Al no conseguirla, se despide, y ayudado por Tomás, que trabaja en el negocio del pescado, empieza a comprar en las subastas y a revender en los restaurantes y tiendas diversas el producto, que transporta en un rudimentario carretón. Consigue ahorrar dinero, destinado a poder pagar el pasaje a Venezuela, donde un amigo le conseguirá trabajo. Sin embargo, cuando está a punto de alcanzar su sueño siempre sucede algo, una enfermedad de su sobrinito, un accidente con una furgoneta que le han prestado... 

Mientras tanto conoce a una chica, Carmen, se enamoran, pasean en la Golondrina y ella no parece dispuesta a seguirlo a América aunque no le cuenta sus razones. Tomás, que siempre lo ha ayudado, necesita comprar un barco de pesca y no tiene dinero. El protagonista acabará por prestárselo y quedarse definitivamente en España, asociado con Tomás, interpretado por el gran Saza. El problema de Carmen es su padre, inválido a causa de un accidente, era marinero. Este argumento, sencillo, con tintes sentimentales, fluye con naturalidad y sin estridencias y a pesar de lo  recatado de la época, los novios ni se besan en ningún momento, nada chirría en exceso ni se cae en la cursilería ni en discursos con moralina, con la excepción de las reflexiones finales del protagonista, relativas al hecho de que, trabajando duro, también puedes prosperar sin necesidad de emigrar a Venezuela.

La hermana del chico era María Martín, actriz espectacular que aquí, incluso vestida de digna ama de casa, llama la atención. En un papel secundario y de relleno se puede ver a Gustavo Re, actor que vivió en mi barrio y que siempre salía haciendo algo en un montón de películas y que también era habitual en los programas televisivos de Franz Joham. Durante años pensé que era alemán o austríaco, actuaba con Los Vieneses. Su esposa debía  ser de alguno de esos países pero él era italiano. 

Pasaje a Venezuela nos muestra un mosaico de buena gente, la cual, si en algún momento puede tener mal genio o mal humor, se ayuda cuando hace falta. De vez en cuando, tropezarnos con la bondad, más general de lo que nos parece en ocasiones, resulta bastante estimulante. Una de las curiosidades de esta película y de tantas otras es comprobar cómo se fuma en todas partes, los hombres van pidiendo y ofreciendo cigarrillos, como el personaje que interpreta Gustavo Re, un simpático gandul gorrón. Se fuma incluso en el hospital dónde acaban de operar al pobre sobrinito del protagonista, fuman los familiares y fuma el médico. No fuman, todavía, las señoras.

domingo, 13 de mayo de 2018

CAMUS, DE NUEVO

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Se ha publicado esta primavera la biografía de Albert Camus escrita por Virgil Tanase, un intelectual de origen rumano establecido en Francia por motivos políticos. Sobre el escritor se ha publicado mucho, esta biografía quizás no sea la mejor. Aunque las comparaciones son odiosas parece que la supera la de Olivier Todd, publicada a finales de los noventa. La de Tanase no es actual, se publicó en Francia en 2010. Tiene su encanto, incide en el hombre, más allá del escritor y el paso del tiempo contribuye a que Camus y sus contemporáneos se nos presenten con una perspectiva más amplia y actual.

En aquel año se cumplían cincuenta de la muerte de Camus y yo también escribí sobre él. Los blogs estaban en movimiento y en auge. Hoy han perdido importancia. Hemos quedado por aquí algunos incombustibles, no sé qué habrá sido de personas que me comentaban cosas diversas, como el escritor Francisco Ortiz y tantos otros. La importancia de Camus, más allá de su obra, viene dada por su enfrentamiento a unos y otros, no es fácil defender unas ideas sin que los de la parte contraria te adscriban a las suyas.

El tiempo ha dado la razón, en muchos aspectos, a Camus. Incluso predijo la llegada masiva de la emigración procedente de países pobres. Sartre cada día me parece más lejano, sobre todo por su postura ante cosas como el estalinismo. Él, Beauvoir y su corte celestial se metieron a fondo con Camus, mirado en perspectiva todo era cuestión de vulgares celos personales, sin embargo eso no significa que no haya que leer a Sartre o a Beauvoir, cada cosa en su lugar.

Tanase, el biógrafo, ha manifestado en alguna entrevista que la obra de los escritores suele dar una versión purificada de cómo eran y que para saber más cosas hay que recurrir a la documentación personal. O a una buena biografía, como es el caso. El tiempo ha dado la razón en muchos aspectos, a Camus, però cuando vivía le amargaron bastante la vida, es lo que tienen las élites culturales, que se mueven por intereses diversos, no siempre honrados ni objetivos.

Tanase incide mucho en la humanidad del personaje pero no oculta sus sombras, esa afición desmedida a las mujeres, por ejemplo, con las cuales parece que tenía mucho éxito. Su esposa, Francine Faure, lo pasó bastante mal. Y eso que era hermosa, inteligente, matemática, pianista especializada en Bach. En este presente más favorable a las reivindicaciones feministas te preguntas cómo aguantó a su marido, la verdad. Muchas mujeres de peso vivieron a la sombra de sus maridos, de sus amantes. María Teresa León, sin ir más lejos. 

Camus no era guapo, sin embargo resultaba atractivo para las damas, incluso cuando no era famoso. No sólo escribió y dirigió teatro, también hizo de actor en alguna ocasión y hay algo de teatral en esas fotos en las cuales sale favorecido. En un artículo escritor por un periodista francés, hace años, se decía, en broma, que era un cruce entre Bogart y Fernandel, la verdad es que la irónica comparación es bastante precisa.

Se ha magnificado la relación de Camus con María Casares pero lo cierto es que parece que cuando murió se había citado con tres damas, a horas distintas. No era capaz de ser fiel a nadie y se sentía culpable por ello. No fue una persona demasiado feliz, tenía mala salud, una tuberculosis recurrente, bastante grave. Puede que eso explique su vida intensa y activa, fumador, bebedor, mujeriego, noctámbulo... La sombra de la muerte produce en ocasiones está afición a vivir la vida a tope.

El teatro de Camus ha ocultado en ocasiones su obra narrativa, sus ensayos. La temporada pasada tuvimos en Barcelona un buen Calígula. La versión de El malentendido, con Cayetana Guillén-Cuervo y Julieta Serrano no se ha representado en mi ciudad, tengo la esperanza de qué podamos verla en algún momento. Fernando Guillén le aconsejó a su hija en muchas ocasiones que la representase, él y Gema Cuervo la llevaron a los escenarios en 1969. También nos ofrecieron versiones de obras de Sartre, como A puerta cerrada. De El malentendido se puede ver online una versión de Estudio 1, de mediados de los setenta, con otros actores, como Nuria Torray. Se hizo muy buen teatro en aquellos años de entusiasmos colectivos, en catalán, en castellano, en vivo y por la tele.

Camus vivió una infancia muy pobre, pero relativamente feliz. Su mundo se perdió definitivamente con las guerras coloniales, violentas y lamentables. Su abuela era menorquina, una Sintes. El maestro de la escuela elemental se dio cuenta de su inteligencia y movió Roma con Santiago para que pudiese estudiar. Camus lo recordó en la concesión del Nobel. El maestro no sólo tuvo que buscar ayudas y becas sino convencer a la familia, sobre todo a la abuela que era quién mandaba, de que el chico tenía que estudiar. No es un tema fácil. Hoy puede parecer aquella una mentalidad remota pero me he encontrado con casos así en la escuela, familias que lo que quieren es que los hijos e hijas trabajen pronto y ayuden en casa. Lo demás les parecen lujos. 

Un primo mío, bastante mayor que yo, murió hace poco tiempo, no tuvo tanta suerte. A pesar del interés del maestro su padre no quiso saber nada sobre la posibilidad de estudiar o solicitar ayudas, lo quería en el campo, trabajando con él. Camus se sintió algo marginado entre los otros estudiantes, en la secundaria. Eran tiempos, no tan lejanos, en qué estudiaban cuatro gatos, la mayoría, hombres de casa pudiente. Hoy, en este tema, hemos mejorado mucho. Hay que contemplar las cosas en perspectiva para comprobar las mejoras colectivas evidentes.

Estos días, a veces, pienso en Camus, porque la situación catalana parece polarizarse y según qué comentas, a unos y a otros, te expones a muchos malentendidos. Afortunadamente, la vida sigue y la mayoría de personas son razonables y si un tema es espinosos se deja de lado durante un tiempo. Mi padre tenía muchos hermanos, entre las hijas del mayor, el hereu, hubo un problema grave a causa de la herencia, cosa que dividió a una gran parte de la familia. Mi padre y algunos otros no tomaron partido por nadie pero los hechos crearon una situación incómoda, durante años le incomodaba volver a su pueblo de visita. Pasaron los años, los descendientes de los antiguos enemigos tienen hoy buenas relaciones. No siempre sucede así, en los pueblos pequeños las rencillas duran generaciones, todavía hoy. 

Camus era un buen hombre, al margen de eso de las mujeres, claro. Intentaba ser honrado consigo mismo, con sus propias opiniones. Recibió abucheos, críticas absurdas y excesivas, también recibió el Nobel, aunque era muy joven. Me imagino la rabia que debió hacerle a Sartre, que tardaría unos años en conseguirlo. El Nobel es un premio como tantos otros, con los años pones los mitos en su sitio. Los premios grandes, y a veces, los pequeños, están condicionados por cosas como relaciones, promoción, política. Para qué no se lo diesen a Pérez Galdós los escritores de la época hicieron de todo, incluso una cena colectiva de protesta. 

Para que no se lo diesen a Guimerá, lo mismo, con el agravante de que era catalán, claro. Se hizo un apaño, se concedió a Mistral, compartido con Echegaray. La lengua provenzal, en el país vecino, está mucho más olvidada y maltratada que el catalán pero el estado francés tiene una política cultural más ecléctica y razonable. Echegaray ha sido muy criticado pero tuvo grandes éxitos teatrales en su tiempo, fue un gran médico, un gran personaje, una buena persona, muy amigo de Guimerá, a quién tradujo al castellano. Las versiones en castellano en muchas ocasiones se estrenaron antes que no las catalanas. 

El mundo es complejo y las relaciones humanas tienen muchos matices aunque con el tiempo todo se quiera reducir a tópicos, dogmas y manuales escolares. Por cierto, en Francia hay quién se queja de que el legado de Camus se ha reducido a eso de los manuales. Continúa siendo un personaje que incomoda a determinados sectores. También por aquí. Fue crítico con el comunismo, en el que duró poco. Aquí, además, confundimos antifranquismo con democracia y eso todavía pesa.

Sus frases se han sacado a menudo de contexto, como eso de la justicia y la madre. Camus amó mucho a su madre, analfabeta y casi sordomuda pero una persona excelente y buena como el pan. En realidad dijo eso al criticar la violencia defensiva de los explotados, la violencia indiscriminada que provoca el terrorismo. Su madre podía ser víctima de una bomba tirada por alguien que tenía razones justas para protestar pero entre esa justicia y su madre elegía la vida de su madre. Ese dilema está presente en muchos textos del escritor. 

La violencia terrorista se ha justificado con eso de la violencia de estado, es algo recurrente defender posturas difíciles poniendo en evidencia la maldad de la otra parte. Pero hacer un mal para contrarrestar un mal no suele funcionar. Aunque, claro, después viene la mitificación de la historia, la mística de la revolución y todo eso. Y todo eso, por desgracia, tiene un gran atractivo cuando eres joven y quieres creer que el mundo puede cambiar de forma rápida si nos sacrificamos y luchamos por ello.

martes, 1 de mayo de 2018

PRIMERO DE MAYO, EVOCACIONES


Hace poco preparé y realicé en mi barrio una charla sobre el Primero de Mayo de 1890, el primero en celebrarse en el estado español, y en cómo fueron las cosas en aquella Barcelona tan diferente de la actual. Había cierta relación entre aquella celebración pionera y mi barrio, el Poble-sec. Una gran parte del Paralelo, en proceso de urbanización, estaba todavía ocupado por una zona que a la gente de la ciudad burguesa les debía parecer remota y salvaje, el Campo de las Carolinas. El dueño del terreno se mostraba reticente a cederlo, por ahí bajaban dos torrentes, desde Montjuïc. En aquel campo tuvieron lugar las reuniones de los obreros y obreras. Las mujeres eran mayoría en algunos de aquellos encuentros multitudinarios, pero los grabados de la época las olvidan a menudo. Los periódicos casi frivolizan su presencia, chicas jóvenes, obreritas alegres, con sus cestitos de comida en el brazo.

Las condiciones de los trabajadores, todavía más las de las trabajadoras,  todavía más la sde los niños y niñas, que empezaban a trabajar a menudo a partir de los seis años, eran horribles, no solo en Barcelona y las ciudades cercanas sinó también en los centros comarcales dónde se había iniciado una industrialización progresiva y constante: Mataró, Manresa, Sabadell... Uno de los aspectos en los cuáles los distintos sectores obreros se habían puesto de acuerdo era en la demanda de la jornada de ocho horas. Pero eso no sería posible hasta muchos años después, al menos de forma generalizada y oficial. Eso todavía no ha sido posible a nivel mundial, lo mismo que no se ha erradicado el trabajo infantil y otras barbaridades. Hoy mismo Pilar Rahola, en La Vanguardia, incide en una realidad evidente e incómoda:


(...)  Lejos quedan esos tiempos oscuros en que el trabajador no tenía ni voz, ni fuerza, ni condiciones básicas.



¿Lejos?, y el adverbio adquiere la categoría de imprecación. Porque 132 años después, la semiesclavitud laboral vive sus años dorados en muchas zonas del planeta, el trabajo infantil es una realidad consolidada –e indiscutida–, y los derechos conseguidos en el primer mundo no están ni planteados en el segundo, tercero y resto de los mundos. Chicago fue la espoleta de un proceso planetario que otorgaría derechos a los trabajadores, pero esa mancha de aceite liberadora quedó frenada allí donde la pobreza estabilizó oligarquías poderosas, sostenidas por grandes masas laborales empobrecidas. Y no está claro que ese paradigma cambie en zonas de Asia o de África, ni tampoco en los rincones de nuestra sociedad, allí donde se esconde la economía sumergida. Al contrario, el primer mundo vive bien, gracias a lo mal que vive el tercer mundo, dentro y fuera de casa. Y aunque esa afirmación es incómoda y antipática, es de justicia obligada recordarla en un día como hoy.c


Ciento treinta y dos años después, la semiesclavitud laboral vive sus años dorados en muchas zonas del planeta.

Hay mucha gente que te descalifica las citaciones cuando son de periódicos como La Vanguardia, a menudo condenado a la picota por conservador, o de personajes como Rahola, que despierta pasiones diversas, a favor y en contra, però creo que en este caso nadie sería capaz de rebatir las razondas afirmaciones de la periodista. 

Pasaron hace poco por los cines, sin pena ni gloria, la última película de Guédiguian, La villa, en la cual un activista desengañado cuenta como comprobó que los obreros, en realidad, no querían ser obreros, sino vivir bien. Una pretensión razonable y poco mítica. Ya en 1890 había periódicos que incidían en el tema, en ese dibujo de Apeles Mestres se compara, con ironía, el obrero de aquel presente y el del futuro, un futuro cómodo y mecanizado en el cual el trabajador parece todo un señorito. 

Después de aquel 1890 las cosas se radicalizaron y el anarquismo violento se propagó gracias a la miopía de una patronal poco dispuesta a ceder a las demandas de los trabajadores. Una patronal que se construía casas muy bonitas, que hoy visitamos encantados pagando precios algo abusivos. La mitificación turística del Modernismo da para mucho.

Ya sabemos todo lo que vino después, pistolerismo, luchas diversas, desunión obrera, enfrentamientos, anticlericalismo visceral, dictadura, guerra civil y un largo etcétera hasta desembocar en un presente rarito e imprevisible. La conciencia de clase se ha perdido en muchos casos pero ahí están esas Kellys que se autorganizan, cosa difícil hoy ya que muchas veces la gente está dividida y fragmentada en empleos basura diversos.

Los sindicatos convencionales tenían su reino y sus triunfos en las grandes empresas de los sesenta y setenta, muchas veces no se preocupaban en exceso de las pequeñas, claro. Los sindicatos deben reflexionar, reconvertirse, parece que tienen buenas ideas algunos líderes actuales, hombres sobretodo, como siempre. Algunos dirigentes sindicales parecen inmortales, eternos, los mismos rostros, las mismas consignas, las mismas proclamas etéreas y poco consistentes.

En tiempos míticos los líders sindicales tenían el orgullo de contarse entre los trabajadores más esforzados y competentes, dedicaban su poco tiempo libre a la lucha obrera, como ese Metello de Pratolini.  Hoy muchos son casi funcionarios 'liberados', sé de alguna maestra que se fue 'al sindicato' porque 'no soportaba las clases', por ejemplo. Hay quién se te enfada cuando criticas a los sindicatos pero podría hacer una lista con hechos de todo tipo, vividos o escuchados en directo, que han contribuído a ese desprestigio actual.

Resultat d'imatges de demostración sindical Primerod e Mayo sardana
Muchas veces han mitificado la lucha obrera personas de origen burgués, muchos revolucionarios  y teóricos de las revoluciones habían tenido una buena infancia, una buena escuela y un plato caliente en la mesa todos los días. Un libro ejemplar a la hora de comprobar como crecía esa izquierda de manual son esas Últimas tardes con Teresa, para  mi gusto lo mejor de Juan Marsé. Es un libro triste, crepuscular y lúcido. Hoy la mayoría de gente, en nuestro país (Catalunya, pero también en toda España), puede estudiar una carrerita pero las carreras ya no son lo que eran y para eso se han inventado nuevos filtros para ricos, esos másters caros, cursos en el extranjero, cosas así. 

Las escuelas privadas caras y de élite parecen proliferar. Recuerdo una familia de una escuela pública en la que trabajé, prosperaron de repente y se llevaron sus dos hijos a una escuela de esas privilegiadas, ni tan sólo a una buena privada de la localidad sinó a una inglesa, de la parte alta de Barcelona, parecían comunistas pero no lo eran, claro. O ya no lo eran. Mucha gente espabilada sabe o cree saber que las escuelas, más que para aprender a leer, escribir y contar y todo eso de los valores sirven para hacer amistades, relaciones.

El Primero de Mayo fue santificado por Pio XII, lo dedicó a San José Obrero, más bien Artesano, e incluso el franquismo, tan camaleónico para según qué, sólo hay que analizar el presente, lo reconvirtió en eso tan bonito de la Demostración Sindical. En los años de la televisión prehistórica fuimos a casa de unos vecinos que tenían televisión, una sobrina de los vecinos bailaba con un esbart y con aquello de los coros y danzas. Interpretaron una sardana multitudinaria, se permitió que fuese nada menos que La Santa Espina y la gente mayor que contemplaba la pequeña pantalla estaba emocionada, incluso algunos lloraban. 

Las cosas cambiaban o parecían cambiar, algo ha de cambiar para que sigan mandando los mismos y los catalanes, cuando nos tratan bien, nos conformamos con poca cosa, algo que se ha olvidado en los madriles del poder, desde hace tiempo. En aquel 1890 los periódicos, todos ellos paternalistas y bien intencionados, con la excepción de La Tramontana, anarquista y reprimida publicación, avisaban contra los peligros de las ideas extranjeras y de las revoluciones y algaradas. El obrero catalán era otra cosa, familiar, conformista, trabajador, esforzado, con ganas de prosperar y convertirse en dueño de algo, ni que fuese una mercería como la Puntual, vaya. Se permitía la música de La Santa Espina pero no la letra, poéticamente patriótica: som i serem gent catalana, tant si es vol com si no es vol, que no hi ha terra més ufana sota la capa del sol...

Hace unos días vi por la tele como un grupo de escolares analizaba las letras de las canciones modernas y el machismo implícito que invocaban. Respecto a valores diversos, patriotismo, lucha obrera, revoluciones imposibles, habría que analizar también muchas letras que cantamos o se cantan de forma inconsciente y repetitiva. Hoy se canta poco, en general, y la mitad, en inglés, pero por mi gusto suprimiría de esa letra sardanística lo de la tierra más ufana del mundo y potenciaría la estrofa que dice: canta l'ocell, el riu, la planta, canta la lluna i el sol, tot treballant la mare canta, i canta al peu del bressol... Es un fragmento universal, casi franciscano. Las madres ante la cuna son una imagen verdaderamente universal y por mucho que los padres evolucionen sentimentalmente tenemos maternidades míticas para rato.

Los seres humanos nos parecemos mucho, claro, pero un análisis incluso superficial de lo que se escucha y lee demuestra que  no nos creemos nada de nada esa igualdad. En el Informe Semanal del otro día salió una chica alemana, experta en no sé qué, diciendo que los catalanes, como los bávaros, nos creemos superiores. Eso de la paja en el ojo ajeno es universal, ese libro de tanto éxito, Sapiens, razona sobre eso de creerse superior, un mal extendido y quizás ligado a la necesidad humana de creernos privilegiados en alguna cosa.

El sentimiento de superioridad funciona a nivel de barrio, de pueblo, de calle, de familia, de etnia, de centro recreativo o de profesión ejercida. Una maestra conocida, algo elitista me dijo en una ocasión que en Barcelona, por debajo de la Diagonal, no había nada que valiese la pena. Oh, le repliqué, yo vivo cerca del Paralelo... Insistió en qué por allí abajo todo era gentuza. Pero dándose cuenta de qué había metido la pata, en el fondo era buena persona y me apreciaba, puntualizó: es que tú eres un diamante en bruto.  

Murió hace algunos años, recuerdo con humor retrospectivo aquellas opiniones, sinceras en el fondo y qué mucha gente comparte aunque no se atreva a manifestar a menudo. Una persona joven me contó que una compañera de trabajo se había ido a vivir a la parte alta de mi ciudad y que cuando bajaba a la Gran Vía se sentía incómoda y notaba la diferencia. No se puede generalizar, hay de todo, pero la pijería es una plaga y tiene su deriva incluso intelectual, como fue aquello de la gauche divine qué todavía existe, con otras denominaciones.

Cap geperut es veu el gep, decíamos, por aquí, algo equivalente a eso de la paja en el ojo ajeno. La dama alemana se expresaba con una especie de superioridad aparentemente razonada pero decía muchas tonterías, según los comentaristas del espacio televisivo, sabía del tema por haber vivido en Catalunya. No debía haber vivido en el País Basco, según ella los bascos no tenían ese sentimiento de superioridad. Hay demasiados expertos sobre todo opinando sobre todo, pocos obreros de la opinión que sean imparciales y las teles de hoy seleccionan en virtud de sus propios discursos teledirigidos y de su público incondicional

Pasaron aquellos tiempos en los cuales era un honor ser trabajador. Los maestros se convirtieron en treballadors de l'ensenyament durante un tiempo. El Primero de Mayo ya no es lo que fue ni lo que pudo haber sido pero, quién sabe, puede volver a serlo en cualquier momento. Qué San José, artesano u obrero, nos proteja y acompañe.

lunes, 19 de marzo de 2018

SAN JOSÉ, MURILLO Y LA VIDA AMABLE

Resultat d'imatges de sagrada familia del pajarito

Hoy es el día de San José. Durante mucho tiempo fue un santo reconocido de forma oficial, hasta el punto de ser fiesta de precepto. Las fiestas de precepto dedicadas a santos eran hoy y el día de Todos los Santos. Sin embargo, San José fue un santo objecto de burlas populares, en villancicos y romances. A causa de su paternidad putativa, una palabra que en épocas reprimidas nos parecía que tenía tintes pecaminosos, se representaba a menudo como un anciano bonachón y tolerante, un secundario de no demasiado lujo en esa Sagrada Familia ejemplar, aunque fuese de hijo único y la dictadura y los mandamases del tema propiciasen las familias numerosas.

No siempre fue así. Una de las representaciones de la Sagrada Familia que más me gusta es esa de Murillo, la Sagrada Familia del pajarito.  San José es aqui un señor de buen ver, guapo y cariñoso. Es uno de los cuadros que más me ha emocionado al verlo en directo. La escena doméstica resulta entrañable, perro y pajarillo incluídos. 

Murillo era contemplado, en otras épocas, casi como un secundario, también. Nuestra lejana infancia estuvo poblada de estampitas con reproducciones de cuadros famosos de santos y vírgenes, gracias a eso, sin embargo, supimos de la existencia de esas pinturas importantes. Eran malas reproducciones contribuyeron a que se infravalorara la obra del pintor, incluso se criticó como propagandista artístico del catolicismo y edulcorado representante del arte de su tiempo, ¡cuantas tonterías hemos tenido que escuchar y leer a lo largo de la vida!

Una vez, en la escuela, hicimos una obrita de teatro que se llamaba El sueño de un pintor, inventada por una maestra joven a la que quise mucho. El pintor era Murillo, no le salía su Inmaculada, se dormía y se le aparecía la Virgen en sueños, con angelitos al lado, cosa que provocava que se estimulase su inspiración. A mi me dieron el papel del pintor, me pintaron unos bigotes con un corcho ahumado y me pusieron una boina representativa. El papel estrella era el de la Inmaculada y lo hizo la chica más guapa de la clase, claro. 

Murillo, como otros pintores españoles, hoy se ha reivindicado a fondo, más allá de Sevilla. Es uno de los grandes y pintó santos y vírgenes pero también mendigos, incluso niños mendigos felices y viejas sin dientes. No se sabe gran cosa sobre su vida, parece que  fue incluso apacible considerando la época y las circunstancias, aunque perdió esposa y algunos hijos. Tuvo siempre trabajo, pero los pintores famosos debían trabajar muchísimo para sobrevivir con cierta dignidad, la historia de aquellos años esta llena de altibajos, pestes, hambres, incomodidades diversas. Parece que de mayor todavía trabajaba y que la caída de un andamio, mientras pintaba, aceleró o provocó su muerte. Fue considerado un hombre bueno y muy querido por la gente. 

Este San José encantador que distrae a su niño mientras mamá hila nos resulta casi contemporáneo aunque sea barroco. Hace poco han remodelado, en el MNAC de Barcelona, las salas dedicadas al Renacimiento y el Barroco, todavía hay quién cree que el barroco son las columnas salomónicas excesivas y poca cosa más. O que el arte barroco ha de ser teatral para ser genuíno. Murillo nos muestra aquí la devoción amable, la religión personalizada y doméstica, una realidad vital que a pesar de las penas de la vida nos ofrece instantes de felicidad senzilla e inefable. 

En  tal día como hoy era tradicional, al menos en Catalunya, hacer crema, la crema era sólo crema, más adelante le añadieron la denominación de origen catalana, todavía no sé el motivo pues siempre fue algo distinta de las natillas. La crema se azucaraba por encima y se caramelizaba con una plancha antigua, caliente. Se acompañaba el postre con melindros i sequillos, comprados en la pastelería. Parece que el origen de esos postres de temporada era el excedente de huevos, un producto caro en aquellos años en los cuales se criaban gallinas en los balcones y terrazas. Aquello de quemar la crema era todo un ritual lo mismo que la aparición del postre en la mesa familiar y festiva. Todo pasa y hoy se puede comer crema bastante buena en muchos restaurantes, presentada de forma individual, pero todo es distinto y así ha de ser. Ni mejor ni peor, diferente. Sin embargo, la facilidad para poder comer crema, o lo que sea, hace que el dulce pierda su connotación de suceso extraordinario, son las servidumbres de la abundancia. 

El nombre de José, Pepe, Pepito, ya no es tan popular como antaño. De Joans, Joseps, Maries i  ases n'hi ha per totes les cases, decía un refrán muy popular. Hoy esos nombres tradicionales, entrañables y hermosos ya son minoritarios. De ases (burros) también quedan pocos y han estado a un paso de la extinción. En sentido literal, claro. En sentido metafórico es otra cosa...

viernes, 16 de febrero de 2018

ME SÉ BASTANTES CUENTOS, AUNQUE NO TODOS

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Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.

León Felipe


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A menudo me vienen a la cabeza versos, citas, refranes. Debe ser el  paso  de los años que va dejando ese poso  extraño, mezcla de lecturas, experiencia vital,  recuerdos infantils y juveniles, añoranza de los que se fueron y nos precedieron. 

En muchas ocasiones evoco las palabras de este poema de León Felipe. León Felipe es un poeta que va por libre, se le ha intentado etiquetar con eso de la generación del 27, tan diversa, como todas. Eso de las etiquetas es muy del gusto de los académicos, en general nos gusta clasificar a la gente. Las clasificaciones, los lugares comunes, los tópicos, son absurdos ya que diluyen la individualidad en la masa amorfa.

A veces dices que te gusta algo que ha dicho alguien y siempre surge quién te recuerda que esa persona era comunista, de derechas, neoliberal, cercana a Convergència o que estafó a su cuñado, engañó a su mujer o abandono a un hijo con problemas. Nadie es de una pieza, cambiamos, nos equivocamos. Por eso a menudo los artistas, los escritores, decepcionan, en su vida real no responden a lo que se esperaba de su obra. 

En los casos de gente contemporánea nuestra se hace difícil separar vida y obra, cuando pasan los siglos ya no lo tenemos en cuenta. Rousseau escribía El Emilio y enviaba sus hijos al hospicio. Arthur Miller, Sender y unos cuantos intelectuales no quisieron saber nada de sus hijos disminuídos. Podríamos encontrar un montón de ejemplos de incoherencia, tanto en gente famosa como en nuestro entorno inmediato. Ponemos demasiadas expectativas en la gente conocida, como en el caso reciente de Serrat, que comentaba en la entrada anterior.

Personas de mi familia insistían en que todo era un cuento, en la vida. Aunque hablaran en catalán no utilizaban conte ni rondalla sinó cuento, en castellano, dándole ese matiz que le da el poeta, de forma más profunda. Cuentos chinos, cuentos de Calleja... Una buena amiga me comentaba hace un tiempo que con el paso de los años te das cuenta de que todo es mentira, ya lo decía el tango.

Me gusta leer libros de historia, biografías... Si son buenos y no demasiado ideológicos suelen mostrar las tripas del pasado y rompen sin piedad nuestros mitos. Se supone que la historia la escriben los vencedores pero también los vencidos toman su revancha cuando pueden y nos giran las cosas del revés, sin ser objectivos. Leí hace poco las memorias de Josep Benet, sólo pudo escribir la primera entrega, ya que las empezó tarde y murió antes de su publicación. Comenta que una de sus motivaciones al escribirlas fue comprobar como se manipula eso que se llama memoria histórica. Benet tampoc es del todo objetivo en sus valoraciones pero en eso tiene razón. Hay que acceder a fuentes diferentes para hacerse una idea, y siempre será inexacta, de una verdad inexistente. 

Volviendo a León Felipe, durante mi juventud se le leyó y recitó bastante. Una vez fui a Madrid, conocimos a un chico muy simpático, nos regaló la Antología rota a una amiga y a mi, le gustó más mi amiga aunque con el tiempo rompieron su relación. Los chicos intelectuales o que lo parecían nos gustaban mucho, en aquella época, sobre todo si, además, resultaban interesantes físicamente, claro. Quizás el amor, así, en abstracto, sea también un cuento más pero a las chicas nos mecieron la cuna con cuentos de amor con príncipes y finales felices y con tebeos románticos. 

En cambio, a los chicos de entonces, y no se si a los de ahora, no les gustaban demasiado las damas muy leídas. Conocí a una maestra mayor que yo que comentaba que el ideal femenino de la mayoría de hombres era una chica guapa, tonta y caliente. Puede que las cosas hayan cambiado bastante, no lo sé. Eso de tonta también era matizable, hay quién aparenta serlo por motivos estratégicos y sabe más que Lepe, que fue un personaje real y muy sabio.

Otro texto del poeta que forma parte de mi imaginario es aquel de Ser en la vida romero... A veces, qué cosas, en aquellos años finales del  franquismo, en aquella Escuela Normal de Sants, algo pintoresca, venían rapsodas a recitar y allí escuché esos poemas por primera vez. Uno de los rapsodas era algo exagerado y nos reíamos de él. La gente, hace años, leía mucho en voz alta y se sabía poemas, textos teatrales, de memoria. No sé qué extraña pedagogía papanatas hizo creer que la memoria era la inteligencia de los tontos, un absurdo como tantos otros. 

He comprobado que a los niños y niñas les encanta aprender cosas de memoria, lástima que en la escuela no sea esa una actividad habitual. Tampoco se lee tanto en voz alta, hoy incluso buenos actores tienen una dicción lamentable aunque con el tiempo mejoran. 

Las cosas nos parecen una buena narración o un mal cuento según quién nos las relata. Todo es, también, cuestión de fe. Nos gustan los escritores y periodistas que nos dicen lo que ya creemos, en general. Creemos cosas raritas, imposibles, si queremos creerlas. No es fácil cambiar las creencias que nos vienen de antiguo, nos sorprende que nuestros antepasados creyeran de buena fe en cosas que hoy parecen injustas, machistas, racistas, fanatismo,  vaya. 

Dicen que si la gran mayoría de personas de una sociedad cree algo que no es cierto  esa creencia funciona como si fuese cierta y tiene sus consecuencias. Por eso el ser humano ha desarrollado en la vida cotidiana esa tendencia a la supervivencia que se define como nadar y guardar la ropa y que en catalán tiene una acepción divertida, eso de hacer la puta y la Ramoneta, tan criticado, tan evidente, tan práctico y necesario. En lenguaje serio eso se llama diplomacia. 

León Felipe tuvo una vida agitada, algo nómada, y murió en el exilio, en el año 1968. Fue romero en muchos aspectos, venía de una familia bien situada, mucha gente notable de izquierda no pasó hambre en la infancia, es curioso. Tradujo a Walt Whitman y algo del poeta americano hay en algunos de sus poemas. De vez en cuando se le ha hecho algún homenaje y tiene monumento en Zamora, su ciudad natal. No todos sus poemas me gustán por igual, pero eso resulta inevitable. 

Por desgracia, saber todos los cuentos no nos inmuniza a la hora de identificar sus nuevas versiones. 


miércoles, 17 de enero de 2018

EL FENÓMENO SERRAT

Resultat d'imatges de SERRAT PERMANYER



Como hoy casi todo el mundo sabe, a pesar de la llamada al boicot que hicieron algunos, pocos, dogmáticos, un montón de gente miró ayer en TV3 la entrevista hecha a Serrat.

Lo mejor de la entrevista fue el entrevistado. Me pareció una entrevista algo triste y sosa, me sobraron las intervenciones de diferentes expertos sobre el Paralelo, el Barrio Chino, la zarzuela o la copla. Creo que hubiesen estado bien en otro tipo de programa, en uno dedicado a aquella Barcelona de los cincuenta, eso sí. Incluso en algún momento los comentarios de alguno de esos expertos parecía contradecir lo que el cantante explicaba.

No pude evitar recordar las magníficas entrevistas que hacía Soler Serrano en A fondo o las que hacía, en catalán, Montserrat Roig. Hace poco volví a mirar la que dedicó a Joan Ponç, en algún momento se notaba que la escritora no estaba de acuerdo con determinados matices, ay, relativos a Catalunya y eso de las identidades, pero se reprimió en favor del protagonista. Permanyer tuvo la virtud, eso sí, de no opinar por su cuenta, peligro en el que caen muchos entrevistadores actuales que olvidan con facilidad que el protagonista ha de ser el entrevistado y no el entrevistador.

Sobre Serrat escuché una vez comentar al gran periodista que fue Huertas Clavería, que era un personaje que ganaba mucho en las distancias cortas. Eso es totalmente cierto. Ayer lo recobramos en una distancia corta, próximo y familiar, con ese aire de être vieux sense être adulte, como cantaba Brel, hace años. A Serrat se le han dedicado muchas críticas, más bien a causa de su supuesta frivolidad, de su socialismo algo mundano, de qué en los últimos tiempos no se rindió al independentismo y lo dijo con claridad, que no relativas a su trabajo profesional. 

Raimon dijo algo parecido, con menos claridad, pero no se lo tuvieron en cuenta. Como tampoco le tuvieron en cuenta, hace años, que en un recital de esos macro olvidara que en eso de la canción catalana también hay y hubo algunas señoras importantes. Un periodista se lo recordó y se molestó, dijo que había mujeres en la Lira Ampostina, que tambien participó en el evento, como si fuera lo mismo. Como decimos en catalán, val més caure en gràcia que ser graciós...

Serrat tiene algo que ningún otro cantante catalán, quizás ningún  otro cantante español, ha tenido nunca, desde que yo sigo el tema, ni en tal alto grado, charme, encanto. Algo que es innato y que va más allá de ser bien parecido. Y, además, tiene ese talante popular, tan de agradecer. Se ha enriquecido y ha triunfado sin dejar de expresarse como un chico de barrio cuando hace falta, jamás ha parecido pedante, como otros.

Tiene canciones muy buenas y también canciones muy malas, sin embargo pocas veces se le han criticado esas canciones flojitas. Hace años alguien, en un periódico, se atrevió a decir que algunas de ellas parecian retahilas sin gracia, creo que fue con motivo del disco Serrat/Tarrés, bastante lamentable, según mi opinión. Su voz pronto declinó, si se escuchan los primeros discos, esos en los que recordaba a Aznavour, y los de años después, se nota que cada vez hace más la cabreta, ese recurso de los cantantes cuando la voz no les responde, habitual en el sector de la copla.

Sin embargo sus grandes canciones serán inolvidables, las cante quien las cante. Tanto las que son en catalán como las que son en castellano. Al fin y al cabo sólo lo mejor permanece, aunque no siempre la memoria es justa. Guimerà tiene obras muy malas, malísimas, pero las buenas mantienen toda su vigencia, por poner un ejemplo del país. En este país, Catalunya, la mínima opinión no esperada por tus interlocutores te convierte en traidora o en botiflera, pero pienso también en otros casos. Rosalía de Castro, por ejemplo, volvió al castellano porque no se sintió còmoda con la utilitzación de su obra que hacía determinada élite intelectual gallega. Claro que una cosa es que te llamen botiflera sin muchos motivos y la otra, que te conviertas en un Boadella. 

Nunca me ha gustado esa frase brillante que tanto nos repiten, eso de què la prudència no ens faci traïdors... Es una de esas frases dirigida a los convencidos.  Algo así como aquello de qué valía más morir de pie que vivir de rodillas, Maruja Torres dijo, con ironía, que ella prefiere estar sentada en el sofá.

He oído durante años muchas críticas viscerales a Serrat. He escuchado esas críticas en boca de gente que, cuando ha podido y le han dejado, se ha fotografiado babeando y en estado de excitación emocionada con el cantante. Esa manera de comportarse la he podido percibir respecto a gente del mundo de la política, con los años ves de todo. Pujol tenía su carisma y antes de pasar todo eso que ha pasado, personas que lo criticaban mucho en la intimidad le hacían grandes reverencias cuando pasaba por su pueblo o por su barrio. 

A menudo me viene a la cabeza aquel fragmento del poema If, de Kipling en la inolvidable versión en catalán de Els Esquirols:

Si amb un rei mantens conversa i ell és ell i tu ets qui ets...

No es fácil ser uno mismo ante reyes, famosos y el resto. Hay más servilismo del aparente, por desgracia. Además, en este amado país mío -Catalunya- todo se mezcla. La gente no es nada coherente, en general, pero pide coherencia a sus ídolos y, si fallan, los condena -en teoría- al ostracismo. Se condena la corrupció de arriba cuando la cosa funciona de abajo hacia arriba y la picaresca se ha convertido en una virtud al alcance de todos los españoles, catalanes incluídos, de momento. Pero santificar es fácil, Guardiola dijo aquello de levantarse tempranito y vi la frase grabada en centros de cerámica que se comercializaban por la ciudad. 

En Francia tienen personajes de derechas, Bardot, Delon, se les aprecia y valora por su trabajo profesional. Así como se puede ser del Barça o del Espanyol se puede ser de Raimon y Llach o de Serrat. Hay mas cantantes, pero son la pedrea. Hay que ver como se trató a Ovidi Montllor hasta que estuvo enfermo y lo homenajearon.

Conozco gente que se me ha enfadado cuando les he dicho que jamás me gustó Llach o que Raimon ya no despierta mi interés como antes, incluso que tiene, también, canciones muy flojitas. Curiosamente, a los futbolistas de élite no se les exige ni tan sólo el nivel C de catalán, a nivel popular. Y eso que estudiaron en La Masia y parece extraño ese nivel escolar tan precario, en algunas materias.

Los cantantes de la època de Serrat, como algunos escriptores en catalán, se beneficiaron de la escasez. No había nada o casi nada y los primeros que triunfaron se han perpetuado, si han seguido con la profesión. Hoy cuesta mucho más destacar, en lo que sea. En el magnífico libro de Xavi Ayén sobre el boom de la literatura hispanoamericana el autor comenta algo así al final del libro. García Márquez, Vargas Llosa, fueron los primeros. Después hubo muchos más escritores, algunos puede que incluso mejores, pero ya no fue lo mismo ni despertaron la misma devoción ni ganaron el mismo dinero ni el Premio Nobel.

Raimon celebró un recital hace tiempo, no fui, no suelo ir ya a esos acontecimientos porque he perdido la fe y las devociones incondicionales me angustian, pero me contaron que la mediana de edad era bastante alta, gente de mi tiempo, vaya. Serrat ha sido y es mucho más transversal, todavía despierta pasiones en las quinceañeras y en las abuelitas. Durante mucho tiempo no le vimos por Poble-sec, però ahora ha vuelto en algunas ocasiones, el año pasado le dieron un premio honorífico y participo en una cena vecinal, estuvo encantador y se fotografió con todo el mundo, lo besaron las jovencitas y las yayas. También muchos señores, de esos que le critican, se retrataron, sonrientes, emocionados y contentos, con él. Tiene un sentido del humor agudo, nos reímos un montón con sus comentarios. 

Yo no me hice fotos con él, no le veo la gracia a fotografiarme con alguien que a mi no me conoce de nada, la  verdad, me pasa algo parecido con los autógrafos o con los libros dedicados por autores mediáticos, que tantas colas generan por Sant Jordi.

Creo que esa hija de Serrat que es actriz ha heredado su encanto, que no tiene mucho que ver con la belleza, sinó con ese atractivo innato y perceptible que tienen algunas personas, como Audrey Hepburn, que fue el paradigma. 

Mucha gente del barrio, entre los cuales, mi madre, conocieron a la madre de Serrat, en las tiendas de hace años. Josep Maria de Sagarra, en sus memorias, recoge una anécdota escolar en la cual su madre, ante los premios que recibe a final de curso, no parece emocionarse en exceso y muestra una distancia prudente con esos éxitos. Creo, por lo que me han contado, que la madre de Serrat era también así, prudente con los éxitos de su chico. Su hijo la sacó del barrio y ella quiso volver, eso lo explica el mismo Serrat. No era mujer de lujos ni de tonterías, vaya. 

La historia de Serrat tiene algunos paralelismos con la de Manuel Ausensi, también nacido en mi barrio, de familia humilde, que triunfó como barítono. Durante una primera época se le subieron algo los humos a la cabeza, però luego la gente madura y se da cuenta de la realidad y valora aquella sociedad humilde donde creció y empezó a triunfar. 

Un caso muy diferente fue el de González Ledesma, claro que él era escritor y la cosa cambia, recogió el ambiente del barrio en casi todos sus libros, a menudo paseaba por esas calles tan queridas por mi. Venia así que se le llamaba, para lo que fuese. La popularidad, sin embargo, no es comparable. He visto a gente de la calle decir muchas tonterías a personas famosas, incluso no muy famosas, actores de las series, por ejemplo. Hay que aguantar mucho y no todo el mundo es educado. En una ocasión vi al actor Enric Majó increpar a una señora que se le acercó con demasiadas confianzas: -Ens coneixem, vostè i jo?

Me supo mal que Serrat no volviera al barrio cuando se colocó una placa en la casa donde había vivido González Ledesma, sé que le avisaron. Tendría sus motivos, claro. O sus compromisos. El triunfo de Serrat no es comparable al de otros personajes, de hecho la fama lo ha colocado en otra órbita distinta y en eso cuenta el dinero, como en los futbolistas. Aunque neguemos esa realidad las cosas se valoran por lo que se cobra. 

Y aún así, con tanta fama, Serrat, parece no haber perdido del todo esa inocencia picarona y juvenil que consiguió que montones de chicas de diferentes generaciones nos enamorásemos de él mientras él se enamoraba de esas modelos tan guapas y glamorosas de aquellos años de Tuset Street. Serrat hizo algunas películas muy malas, no era buen actor. O no encontró un buen papel y un buen director, porque en el escenario era muy resultón. 

Si ayer hubo intención de boicot la cosa no salió bien. Serrat es esa Catalunya diversa, tirando a socialista, de barrio, que canta, ríe y se divierte y no quiere maldecaps aunque no siempre puede escaparse de las tensiones o de los problemas colectivos. Serrat tuvo la suerte de caer en una familia que se quería, en una familia normal, con un padre trabajador y una madre de carácter pero cariñosa y eficiente. 

Era muy difícil no ser feliz... comentó durante la entrevista, haciendo referencia a su infancia. Me gustó, a veces parece que la postguerra era un pozo sin fondo, horrible y sin salida. Y eso que su familia había perdido varios miembros en esa guerra que tan mal se explica hoy. Pero se iban a la playa de Can Tunis con su tortilla de berenjena y se lo pasaban pipa.

He escuchado a gente que vivió en chabolas, en barracas, contar lo feliz que era, corriendo por Montjuïc, pero siempre es gente que tuvo la suerte de caer en una familia unida, entre buenas personas, de esas que intentan prosperar y mejorar y que se ayudan cuando hace falta. Como esa señora Aceituno, tan encantadora, feliz de tener su pisito, su rincón modesto. 

No hace falta haber triunfado como Serrat para  ser piadoso con el pasado. Tampoco diré que los pobres son más felices que los ricos, depende del nivel de pobreza, claro. Como cantaba Guillermina Motta (¿dónde está, por cierto?), com la Soraya vull plorar, no vull plorar fent el sopar...

Serrat dijo varias frases brillantes, como quién no quiere la cosa. Dijo, por ejemplo, que lo que es bueno para los barrios es malo para los recuerdos. Los niños de hoy que salgan adelante, esos que vienen de Paquistán, de la China, de la República Dominicana, de Marruecos, recordarán con cariño su barrio de hoy, así es la vida, y, de forma inevitable, se habrán perdido cosas, paisajes, personas entrañables. 

Los seres humanos insistimos en sobrevivir, en cantar, en amarnos, odiarnos y ayudarnos, incluso. Los triunfadores del futuro, los Ausensis, los González Ledesma, los Serrats del mañana, envidiados y quizás habiendo superado ya ese tiempo en el cual el barrio humilde de su infancia les parecía olvidable, feo y superado, envejecerán y quizás nos contarán sus días felices, sus travesuras, sus recuerdos. Bueno, a mi no, que no soy inmortal, a mis descendientes, claro

Otro tema es que los otros se hagan suyo un éxito como el de la entrevista de ayer y nos salgan con aquello de 'toma del frasco, Carrasco', todo es mal que mata. Como si eso del boicot en lugar de ser cosa de cuatro y el cabo fuese cosa del nacionalismo malo y su contubernio  rancio, cuando en todo hay matices e interpretaciones que no se valoran como deberían. 

Aunque era una situación algo exagerada, aquella pelicula argentina, El ciudadano ilustre, resultaba  muy explícita sobre esos sentimientos entre envidiosos y admirativos que nos provocan los triunfadores con suerte, que un día fueron como nosotros, gente normalita, humilde, sencilla y sin grandes perspectivas de llegar a lo alto.